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Los retos del nuevo comandante de la Mecuc

Lunes, 4 de Enero de 2021
30 años de servicio tiene el general Óscar Moreno en la Policía.

Tras 22 meses y 12 días de labores frente a la Policía Metropolitana de Cúcuta (Mecuc), el coronel José Luis Palomino entregó ayer el mando al general Óscar Antonio Moreno Miranda, quien venía desempeñándose como comandante de la Región de Policía No. 7, cuya jurisdicción es Meta, Casanare, Guainía, Guaviare, Vichada, Vaupés y Villavicencio.

Moreno Miranda es oriundo de Buenavista, Boyacá. Es administrador de empresas, tiene una maestría en Seguridad Pública y 30 años de servicio en la Policía, en donde ha ocupado cargos en áreas relacionadas con la vigilancia policial, policía judicial, planeación y educación.

Esta es la primera vez que un general llega a la metropolitana de Cúcuta, una ciudad que enfrenta enormes retos en seguridad, pues es la capital con la peor percepción en esta materia del país, según la encuesta ‘Mi Voz Mi Ciudad’, del programa Cómo Vamos. Además, en el 2020, la estadística de homicidios en la ciudad y su área metropolitana fue la más alta de los últimos siete años. 

Hoy La Opinión presenta un recuento de los principales retos que enfrenta el nuevo comandante. Si logra avanzar en estos, su gestión será positiva para la ciudad, lo cual constituirá un legado importante para futuros oficiales y para consolidar una política local de seguridad. 

1. Control del delito

En materia de control del delito, es primordial proteger a Cúcuta de los violentos. Con una tasa de homicidios que registró un incremento del 30% con respecto a 2019, y cuya cifra de homicidios (258 a 31 de diciembre) se ubica como la más alta de los últimos siete años, la ciudad  se encuentra atrapada en una disputa entre grupos armados que juegan en el tablero regional y grupos de delincuencia común que no están dispuestos a perder el dominio sobre ciertas actividades ilícitas. 


La capital de Norte de Santander no puede seguir siendo una ciudad en la que sea tan fácil morir y matar. Para ello, el nuevo comandante de la Mecuc deberá liderar un salto cualitativo a nivel de inteligencia e investigación criminal, que permita identificar a los criminales que más daño le hacen a Cúcuta y otorgar respuestas oportunas y efectivas a aquellas familias que han sido víctimas de la violencia. Los cucuteños merecen una tasa de homicidio más baja y un mayor nivel de esclarecimiento de aquellos crímenes que no se lograron prevenir.

2. Gestionar la seguridad en la frontera

Cúcuta merece un comandante con la sagacidad para gestionar su principal problema de seguridad: la frontera, un territorio que está en disputa por parte de los grupos armados (Eln y Guardia Venezolana contra Los Rastrojos) quienes luchan por controlar las millonarias rentas que deja el contrabando, el  paso de gasolina y el narcotráfico, afectando a la población civil que queda desprotegida en medio de esta lucha territorial.  

Si bien el problema de la ausencia del Estado en Norte de Santander no lo puede, ni lo va a resolver el comandante de la Mecuc, la ciudad merece tener un componedor y un gestor territorial capaz de poner a las instituciones a halar hacia el mismo lado. 

Aunque el reto es enorme, la llegada de un general promete expectativas en la ciudadanía que vio con preocupación el deterioro de la situación de seguridad durante el 2020 a pesar de la disminución delictiva que generó el confinamiento en el corto plazo. 

El 2021 inicia con una crisis económica devastadora, una ciudad fuertísimamente golpeada por la COVID-19 y unos efectos sociales muy complejos, que cuyo impacto real será difícil determinar mientras los confinamientos se prolonguen de manera indefinida. 

3. Articulación

Otro reto tiene que ver con la necesidad de liderar la articulación institucional de la Mecuc a dos niveles. En primer lugar, a nivel nacional con un Gobierno que se ha obsesionado con atribuir el recrudecimiento de la violencia en el país al problema del narcotráfico, pero que se ha quedado corto en entender las necesidades de las miles de familias que viven de la ilegalidad en el Catatumbo y en la Cúcuta rural. 

En segundo lugar, a nivel local, con un gobierno municipal que ha demostrado no tener ni la capacidad ni el liderazgo para ejecutar el Plan de Seguridad y Convivencia -Pisc- que en el papel es bueno. La ciudad requiere un sistema municipal del cuidado, una estrategia seria en territorios de alta complejidad, y un sistema abierto de información del delito: ninguna de las anteriores existe hoy. 

4. Transparencia en las cifras 

Cúcuta ya no es la ciudad de antes, en donde se aceptaba que solo los encargados de la cosa pública se ocuparan de los asuntos que le importan y le competen a la ciudad. Acá hay una sociedad civil activa -dispuesta a ayudar- en los temas de prevención del delito, de percepción de seguridad, de mejoramiento urbanístico, de informalidad laboral y urbana; entre otras. 

Por eso la ciudad, y en consonancia con la tradición que ha mostrado el general Jorge Vargas, ahora desde la dirección de la Policía Nacional, merece y necesita que la Mecuc acabe con el secretismo en el manejo de las cifras.

Los cucuteños están dispuestos a acompañar a su Policía siempre y cuando sea una institución transparente, capaz de reconocer errores, pero sobre todo de corregirlos. En otras palabras, el manejo de la información y de las estadísticas debe cambiar rotundamente. 

Los cucuteños quieren saber qué está pasando y por qué; es un asunto básico de credibilidad y confianza en las instituciones. 

5. Percepción de seguridad

Lo anterior tiene mucho que ver con el cuarto reto del nuevo comandante de la Mecuc, la percepción de seguridad. 

Con la percepción de inseguridad más alta del país, los argumentos según los cuales la percepción no se compadece con el desempeño real de las estadísticas y con el comportamiento del delito, no son válidos. 

No, en la capital nortesantandereana la seguridad va muy mal y los cucuteños lo saben. Aunque la ciudadanía quisiera aportarle, es difícil, pues no hay espacio ni voluntad institucional para hacerlo. 

6. Regulación de mercados informales

Otro reto para el general es la regulación pacífica de los mercados informales de la ciudad. Cúcuta no solo enfrenta una pandemia que le ha costado la vida a sus mejores médicos; también enfrenta una la tasa de informalidad económica cercana al 70%. 

Además, es la puerta de entrada de miles y miles de ciudadanos venezolanos que viven de actividades no reguladas o poco reguladas por el Estado. Esto no es problema solo de la Policía. 

Por eso es tan importante tener una Policía de cercanía, cercana a la Alcaldía y su escasa capacidad, cercana a las comunidades, cercana a la academia; es lo que ha funcionado en otras partes del mundo y que debería funcionar acá. 

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