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Proxenetismo en menores: una realidad que no se quiere ver

Sábado, 22 de Febrero de 2020
En Cúcuta, este delito es una realidad que ya no se puede ocultar.

Johanna, una adolescente de 13 años, quería ser como su influencer favorita: estar a la moda y tener fotografías profesionales en su perfil. Para lograrlo necesitaba un celular de última tecnología que le permitiera tener el mejor nivel. 

Es vanidosa, como la mayoría de niñas en su colegio. Pero, ¿iniciar su vida sexual a temprana edad? No, eso no estaba entre sus planes. Admite que sí se sentía atraída por chicos, pero jamás sobrepasaría un tierno beso. Una compañera del colegio, con las mismas ambiciones de Johana, le contó que ella ya había conseguido el celular que quería, y que si quisiera, también podría tenerlo.

La propuesta sonó tentadora, sus padres no tenían los recursos para brindarle este lujo. ¿Por qué no?, se preguntó Johana. Y cuidadosamente la escuchó… Más de tres millones de pesos ofrecían por su virginidad, suficientes para comprarse el celular y otras cosas más. Además, algunas de sus amigas ya lo habían hecho, se dijo así misma justificando lo que estaba por hacer. 

Sin embargo, no estaba segura. El miedo se apoderó de ella, justo cuando ya había aceptado el trato de su amiga. En ese momento no hubo vuelta atrás. Este fue el relato de una de las niñas víctimas de una proxeneta menor de edad en Cúcuta. 

Lamentablemente, este es el panorama de miles de niñas en el país y la capital nortesantanderana no es ajena a él. Pero, ¿cómo ha afrontado la ciudad el tema y qué tanto conocimiento tienen los padres sobre este delito entre menores?

Eimar Lampreda, subintendente e investigador de la Policía Nacional, explicó que el proxenetismo en menores de edad es un fenómeno que ha venido en crecimiento. De hecho, es un acto que en sí, induce a otros delitos, como podría ser la explotación sexual o una inducción a la prostitución, entre otros.

“Es dramático, pero la triste realidad es que ese delito ha aumentado; nos hemos encontrado con víctimas también menores de edad que están siendo convencidas por otras niñas proxenetas a cambio de una remuneración económica”.

Para Lampreda, el proxenetismo entre menores está visibilizándose más en este momento, gracias a diferentes casos que se han vuelto notorios y en los que las niñas (principales víctimas), en compañía de sus padres, han tenido la valentía de atreverse a denunciar a pesar de los riesgos. 

El investigador de la Policía comentó que en lo recorrido del 2019 se recibieron 8 denuncias por proxenetismo en menores; y en lo que va de este año, la cifra ya llega a 5 denuncias, advirtiendo que se va a sobrepasar la cifra del año pasado.

Sin embargo, la investigación de este delito es algo compleja, pues lo que se busca en primera instancia es dar con el responsable real, que en la mayoría de casos es un adulto que busca acceder carnalmente a la menor.

“Investigar este delito sin participación de las víctimas es como nadar contra la corriente, pues normalmente los colaboradores en este tipo de investigación son los padres o familiares que se dieron cuenta de que el menor estaba siendo explotado sexualmente”, explica Lampreda. 

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¿Cómo identificar si un menor es víctima de proxenetismo?

Si bien es cierto, es muy poco probable la prevención de la explotación sexual o inducción a la prostitución, la sicóloga Jeimy Salas Rolón, voluntaria de la Corporación ‘Mujer Denuncia y Muévete’, explica que existen ciertas actitudes o rarezas que se verán reflejadas en los niños o niñas víctimas. 

“Hay varios puntos que se deben tener en cuenta en una niña que está siendo explotada sexualmente. Uno de ellos es que empecemos a observar que tenga objetos costosos o que manejen cantidades de dinero de un origen dudoso o que no conozcamos.

“Además, que presente conductas sexualizadas y una manipulación constante de sus genitales (posible réplica de estas acciones con otros niños o niñas). Otro factor que reflejan las víctimas son los problemas de autoestima, se sienten retraídas”, explicó la sicóloga.

Infortunadamente, el investigador de la Policía también señala que muchas de las víctimas se convierten en proxenetas adolescentes. “Lo triste es que se presenta una especie de cadena y van hasta la fuente, que normalmente son los colegios. Buscan a la menor, la ilusionan con el dinero y esta cae. Por lo general la proxeneta ha sido víctima y así se inicia la cadena”, afirmó Lampreda.

Por lo anterior, en muchas ocasiones las menores que han sido explotadas sexualmente no se reconocen como víctimas. Salas Rolón precisó que “algunos niños no logran distinguir que están siendo explotados sexualmente, porque la sociedad y el estado no solo naturalizan este tipo de violencia, sino que también señalan a las víctimas como responsables de la explotación que viven.

“Generalmente se afirma que las víctimas ejercen, trabajan o realizan una actividad de servicio, es decir, que se prostituyen, algo que es totalmente erróneo y no se compadece con la explotación sexual que viven las mujeres, niños y niñas”, comentó.

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¿Cómo prevenirlo?

Los especialistas en el tema concuerdan en que existen varios factores que facilitan la captación de menores de 18 años para la explotación sexual, pero que la que más es usada por adolescentes, son las redes sociales. La falta de control de los padres de familia sobre los teléfonos móviles de los menores, facilita el trabajo de los proxenetas. 

Además, porque en la sociedad existe una cosificación y sexualización de las mujeres y las niñas. Esto sumado a otros factores de vulnerabilidad económica, emocional, entre otros, le permite al proxeneta llegar a convencer o utilizar a estas personas con fines de explotación sexual.

Por lo tanto, las autoridades, colectivos y organizaciones en defensa de los niños, piden atención  a los padres familia, que es donde el menor encontrará su principal apoyo. Es necesario también que se brinde una adecuada educación sexual desde casa. 

Programas como ‘Abre tus ojos’ de la Policía de Infancia y Adolescencia, y el proyecto ‘Futuro Colombia’ de la Fiscalía General de la Nación, entre otros, buscan disminuir este impacto con talleres, conferencias y capacitaciones en las instituciones educativas de la ciudad. 

¿Qué hacer si mi hija es víctima?

José Ernesto Jaimes Chía, abogado, explicó desde la perspectiva jurídica que el proxenetismo con menor de edad está tipificado en el artículo 213ª, adicionado por la ley 1329 del 2009 en su artículo 2, en donde establece que para el victimario que utilice con ánimo de lucro o para un tercero, satisfacer deseos sexuales utilizando menor, incurrirá en una pena privativa de la libertad de 14 a 25 años. 

Así que la familia de la víctima y por supuesto la menor, tendrán todo el respaldo amparado en la ley. Y es que para estos delitos, según precisó el abogado, como lo establece la ley 1098 del 2006 en el código de infancia y adolescencia, no existe ninguna clase de beneficios. 

En cuanto al menor proxeneta, recibirá una condena diferente, que irá sancionada por la ley 1098 del 2006 que rige el código de infancia y adolescencia, en razón a que es menor de edad.

Las instituciones educativas podrán llevar a cabo el proceso inicial de la denuncia, si así el menor lo expresa. Además, los padres de familia se podrán acercar a los Centros de Atención Integral de Víctimas de Abuso Sexual, al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y a la Fiscalía General de la Nación.

La fundación Jaime Chía también se ofrece a prestar sus servicios a la comunidad, para dar orientación a personas que estén inmersas en estas conductas. 

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