Una nueva manera de llevar la ‘medicina’ de la felicidad a los niños

Sábado, 30 de Mayo de 2020
Hospiclown y Happy Clown por un Sueño se acercan de otras maneras a sus pequeños pacientes, en la pandemia.

Ataviados con batas blancas y una nariz de payaso, rostros coloridos, una sonrisa de oreja a oreja y derrochando una alegría inagotable, estos ‘médicos’ recorrían pasillos y habitaciones del Hospital Universitario Erasmo Meoz y clínicas de Cúcuta, llevándole la ‘medicina’ de la felicidad a los niños internados y que padecen cáncer.

La pandemia del coronavirus entorpeció la loable labor de estos voluntarios, a quienes la crisis los llevó a transformar su misión para seguir manteniendo el contacto con sus pacientes y sus familias. 

Aunque, por ahora, no pueden ingresar a las instituciones médicas, las fundaciones Hospiclown y Happy Clown por un Sueño no dejan de llevar un mensaje de esperanza a quienes lo necesitan.

Hospiclown cumple este año un lustro de labores y ya cuenta con 30 integrantes. Por estos días desarrolla la campaña ‘Sonrisas por alimentos’ para ayudar a las familias que más lo necesitan, afectadas por la crisis que ha generado la COVID-19. Con esta iniciativa quieren apoyar al menos a 50 hogares de Cúcuta.

Juan Santos, presidente de la fundación, invitó a la ciudadanía a unirse a esta noble causa, para la cual están recaudando dinero. Recordó que a través de su perfil en Facebook están publicando todos días, en las tardes, cuentos que son leídos por voluntarios, como una estrategia para llevarles un rato de alegría a los pequeños.

Nuestra labor se caracteriza por hacer terapias de la risa en comunidades vulnerables e ir a las clínicas y compartir con los niños, pero en estos momentos no es recomendable. Entonces, como un gesto con esos barrios a los que hemos asistido, quisimos tener esa campaña, para tenderles una mano. Por un mercado que le llevemos a una familia, esa familia nos entrega una sonrisa”.

Para Santos, una sonrisa vale mucho y es fácil de dar. Por eso, también la vicepresidenta de Hospiclow organizó los cuentacuentos, actividad a la que se sumaron 41 personas, algunas no son de la fundación. 

‘El soldadito de plomo’, ‘Blanca Nieves y los siete enanos’, ‘La ratita presumida’, ‘El príncipe rana’, ‘Juan sin miedo’, ‘Cenicienta’ y ‘El príncipe y el mendigo’ son algunas de las historias que han sido relatadas. “Nosotros esperamos que estos cuentos lleguen a los niños que por alguna circunstancia en estos momentos están hospitalizados”, agregó.

El presidente de la fundación manifestó que en su sede, en el barrio Ceiba, capacitan a los voluntarios, aunque durante la cuarentena esto tampoco lo han podido hacer. Sin embargo, han llevado esos espacios de formación a las plataformas virtuales. 

Risoterapia y músicoterapia

La Fundación Happy Clown por un Sueño lleva tres años de labores y también tiene 30 doctores de la alegría. La pandemia los llevó a pensar en qué hacer para seguir llevando un mensaje de esperanza a los infantes que pasan sus días en clínicas y en el hospital Erasmo Meoz, a sus familias y al personal médico que los atiende.

Fue así como una tarde, unos ‘clown hospitalarios’ llegaron hasta las afueras de la Clínica Medical Duarte y con la ayuda de una corneta de alto alcance, instalada en un vehículo, comenzaron a cantar temas infantiles y a bailar a su ritmo.

“Todos los fines de semana visitábamos los centros médicos llevando músicoterapia y risoterapia a los niños, en especial a los que tienen cáncer. Con el coronavirus nos dijimos: ‘¿y ahora qué?... Pues busquemos la forma de seguir llevándoles alegría a esos niños’”, expresó Juan Carlos Quintero Balaguera, director de Happy Clown por un Sueño.

Esta iniciativa también la han desarrollado en las áreas exteriores del servicio de urgencias y de consulta externa del Meoz. Quintero subrayó que la mejor recompensa que reciben es ver a los pequeños pegados a las ventanas, saludándolos y disfrutando de un momento de entretenimiento.

Además, la fundación implementa por estos días, a través de sus redes sociales, la ‘Rapatón’, actividad que organizan cada año y la cual consiste en cortarse el cabello para demostrarles a los pacientes pediátricos oncológicos que “ellos no están solos” en su proceso de recuperación. 

“Entonces nosotros nos ‘calveamos’. Esto lo solemos hacer en el centro comercial Unicentro, pero por las circunstancias, este año montamos unos videos en internet para que los niños nos digan que nos quieren ver calvos”.

El director de Happy Clown por un Sueño aseguró que la pandemia los llevó a comenzar desde cero, a reinventarse para cumplir su misión, pues estaban acostumbrados al contacto paciente-clow, a transformar sus habitaciones en mundos de fantasía. Ahora, esos escenarios mágicos los recrean desde afuera y en las plataformas virtuales.

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Leonardo Favio Oliveros