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Andrágora y la historia del río Yuma

Jueves, 15 de Noviembre de 2018
Así se llamó el Magdalena, hoy foco de violencia. 

La Fiesta del Teatro de Cúcuta entró en su recta final y los habitantes de la frontera tienen dos días para dejarse contagiar por las impecables puestas en escena, tal como la de la Fundación Andrágora y su obra ‘Para volver a nombrarte’.

La agrupación con sedes en Tunja y en Cali, es integrada por profesionales de diferentes disciplinas, lo cual ha permitido enriquecer las obras. Su nombre: Andrágora, hace alusión a los caminantes, a las personas que no se quedan en un solo territorio y construyen experiencias de vida con cada paso.

Como fundación cuentan con una escuela de teatro itinerante que llega a diferentes rincones del país, muchos de ellos afectados por la guerra. Este, es uno de los temas que más abordan en los montajes, tal como la obra que trajeron a la frontera: ‘Para volver a nombrarte’.

“La obra surgió de un proceso investigativo, gracias a dos becas, una del Ministerio de Cultura y otra de la Secretaría de Cultura de Cali”, dijo Carolina Estupiñán, integrante de Andrágora.

De acuerdo con la actriz, la obra surgió por la necesidad de investigar sobre la violencia en Colombia, los desaparecidos y poco a poco fueron llegando a la raíz del conflicto.

“Nos dimos cuenta que el río Yuma, mal llamado Magdalena, es el primer escenario de violencia en Colombia y a partir de este espacio se genera un círculo vicioso que no se ha roto. Todos los hechos violentos se inician, terminan o se dan alrededor del río”, dijo Estupiñán.

La teatrera argumentó que el río fue descubierto por los españoles un primero de junio, Día de María Magdalena según las creencias Católicas, y de ahí el nombre que tiene actualmente.

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Wilkin Rojas Peña, otro de los integrantes de Andrágora, contó que en la investigación se encontraron con hechos como que el río Yuma, cuando pasó a llamarse Magdalena, se convirtió en la fosa común más grande de América Latina.

“Nuestros ancestros tenían un ritual bellísimo y era que iban a las nacientes del río y se soplaban oro sobre el cuerpo, para luego sumergirse. El oro para los indígenas era símbolo de alegría y al entrar al agua creían que toda persona que en el trayecto del río bebiera el líquido, se iba a contagiar de alegría”, dijo Rojas. 

Sin embargo, argumentó el artista que la alegría se esfumó y se convirtió en un río de llanto y de dolor. La obra, podrá ser apreciada este viernes, desde las 7:30 de la noche en Casa Teatro.

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Eduardo Rozo