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“Camilo Torres nunca dudó, lo dio todo por su causa”: Gilberto Barragán

Domingo, 8 de Noviembre de 2020
Su libro ‘¿Por qué no pude rescatar a Camilo?’ es testimonial y refleja su relación con el sacerdote.

A sus 83 años de edad, Gilberto Barragán Gómez sostiene a flor de piel y en su memoria los intensos recuerdos de su vida de combatiente en la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (Eln) del siglo XX.

De origen campesino, de Santander, cursó apenas algunos meses de escuela primaria. Luego trabajó como obrero en actividades agropecuarias y terminó de actor del conflicto armado.

Fue él quien sirvió de guía al sacerdote Camilo Torres Restrepo para llevarlo hasta el lugar donde lo esperaban los altos mandos de la organización subversiva.

Siguió en su compañía y estaba a su lado cuando fue abatido en Patio Cemento. De ese hecho trata su libro ‘¿Por qué no pude rescatar a Camilo?’, publicado en 2019.

Otro capítulo importante en la vida de Barragán es su formación autodidacta mediante el hábito de la lectura, lo cual le aportó conocimientos y nutrió su intelecto. En esta entrevista  con La Opinión, Barragán revive esas historias.

Su libro, ‘¿Por qué no pude rescatar a Camilo?’, es testimonial, ¿su relación con el sacerdote fue resultado de la solidaridad religiosa o de convicciones políticas coincidentes?

No sabemos cuántos litros de tinta se han gastado al hablar de la vida religiosa y política revolucionaria del padre Camilo Torres Restrepo.

Este, mi primer libro, lo escribí con el fin de que se supiera la verdad de cómo murió Camilo en el combate de Patio Cemento, ya que se han dicho muchas mentiras sobre la historia de su vida guerrillera y su trágico final en su primer combate. Invertí muchos años de mi vida leyendo todo tipo de libros sobre la historia de Camilo como guerrillero, en donde dicen más mentiras que verdades.Quizá no hay mejor testigo que su propio guía, yo, quien fui buscado por la red urbana de la guerrilla del Eln de San Vicente de Chucurí (Santander del sur) en octubre de 1965. Dice el refrán: “Pueblo pequeño infierno grande”.

¿Cuál es entonces la verdadera historia?

En aquel tiempo llevaba 4 meses sin trabajar como obrero en  la Compañía Colombiana de Tabaco en Soatá (Boyacá), y estaba de vago esperando que la empresa me volviera a dar trabajo, y el nuevo enganche nunca llegó. Casi todos los integrantes de la red urbana de la guerrilla me conocían, eran mis amigos, y sabían de mi trayectoria como jornalero campesino desde los 14 años, lo que me permitió conocer, como ninguno, el terreno por donde Camilo tenía que desplazarse a campo traviesa, hasta llegar al Cerro de Los Andes y unirse a la guerrilla. Todos los caminos y carreteras estaban bloqueadas por el Ejército.

Serví de guía a Camilo en compañía de “Rafael”, jefe de la red urbana de la guerrilla en San Vicente. Esto solo lo sé yo. Mi relación con el padre Camilo comenzó el día que él llegó a mi pueblo natal para ingresar a la guerrilla y que lo salvé de caer en manos del Ejército, haciendo el cruce por la vereda La Fortuna hasta llegar a las espesas selvas del Cerro Los Andes.

Fue una verdadera travesía. Nos gastamos 6 días en el cruce, caminando de 10 a 12 kilómetros nada más. El  río Cascajales era muy grande y caudaloso, estaba muy crecido y nos atajó 3 días.

Por estos senderos y la selva, el padre Camilo para caminar era peor que una tortuga. Entonces, debo decir que mi encuentro con el padre Camilo solo se debió a lo ya dicho: no fue por política, ni por afinidad religiosa, ni por solidaridad. Antes de estos hechos yo no lo conocía, solo lo había visto en los periódicos.

Este es el testimonio real de cómo empieza la vida guerrillera del padre Camilo Torres. Y así inició mi relación con él y esta historia.

¿Qué tanta voluntad ponía Camilo en la lucha armada como forma de acción para llegar al poder?

¡Todo!…Quizá sin límites. Camilo llegó a la guerrilla y se entregó en cuerpo y alma a luchar por su causa. Él nos dijo a todos los colombianos: “Yo no quiero que esta oligarquía reaccionaria me mate en las calles de Bogotá, como mataron a Gaitán”. Por esta razón llegó a la guerrilla, y según sus palabras en “Donde veo la expresión y la fraternidad del verdadero cristianismo”. Su causa era defender al pueblo pobre de Colombia de las oligarquías y del imperialismo.

Para conocerla, solo basta leer su Proclama al pueblo colombiano, publicada en los primeros días de enero de 1966 en todos los diarios más importantes del país. El padre Camilo dijo: “Empecemos ya, la lucha es larga. El que se entrega hasta la muerte siempre vencerá”. Nunca dudó, lo dio todo por su causa.

¿Cree que Camilo Torres Restrepo dejó algún legado a los colombianos?

Sí, luchó por unir todas las fuerzas de la izquierda colombiana, las fuerzas laborales y sindicales que estaban dispersas y divididas al igual que hoy en el 2020, consecuencia de la estrategia de la oligarquía: “Divide y vencerás”. No olvidemos que el padre Camilo fue uno de los dirigentes progresistas de la Iglesia Católica en el grupo sacerdotal “Golconda” que se dio por aquellos tiempos en América Latina. Camilo visitó los dos partidos de la izquierda colombiana. Todos le decían que sí a la unión, pero nunca dieron el paso para lograrla.

¿Usted tuvo miedo en los combates?

Quien diga que no siente miedo en el combate o temor a que las balas le den en su cuerpo, es un charlatán.

Las balas producen mucho temor cuando se oyen pasar silbando al lado de uno; el temor es espantoso. Ahí es donde está el valor para no salir corriendo y enfrentar el peligro, y pelear hasta ganar o retirarse del combate a tiempo.

En Patio Cemento yo peleé hasta el final, hasta cuando se gritó el santo y seña para la retirada. En frente de mi cayeron 3 compañeros: el padre Camilo Torres Restrepo, Aurelio Plata Espinoza, el adolescente “Camilito” de unos 15 años, y dos soldados quedaron en el camino como a 4 metros de mi trinchera. Quedé peleando solo con el sargento segundo Castro Rueda. Esta es una parte del combate que solo yo conozco.

¿Qué piensa ahora de esa etapa de su vida en que fue combatiente?

El tiempo pasa, nada vuelve a ser lo mismo. En esa época en la que fui combatiente, era solo un joven con muchas aspiraciones, quería conocer el mundo y todo lo que me rodeaba. Aun siendo semi-analfabeta, deseaba ser médico, abogado o charro mexicano (yo tocaba guitarra y cantaba).

Nada de eso era posible, con seis  meses de escuela. Quien me daba techo y comidita no muy buena, me hacía trabajar desde las 4 de la madrugada ordeñando vacas, para luego ir al pueblo con un balde a vender la leche. Por esta razón solo iba a ratos a la escuela.

Con 12 años de edad y sin escuelas en las veredas de mi pueblo, nosotros los niños campesinos no podíamos estudiar, pues la mayoría no tenían familia en el pueblo.

¿Por qué no se quedó en la política?

Cuando llegué a Cúcuta, fue como caer en paracaídas desde el cielo a la selva profunda del Amazonas o al grandioso desierto del Sahara. Aquí me casé a mis 30 años  e ingresé al Partido Liberal, dirigido por el doctor Jorge Cristo Sahium. Allí permanecí 15 años.

Cuando fue secretario de Salud me dio trabajo en Malaria como vacunador rural, pero al entender que él pertenecía a la flor innata de la oligarquía liberal, me retiré del Partido, aprendí a conocer la ideología de su política reaccionaria, me hice lector de tiempo completo, leí sobre filosofía y economía política de clases, y fui a dar al Partido Comunista, donde hice militancia por más de 40 años hasta retirarme, por mi mal estado de salud.

 Hoy el Partido agoniza, la ultraderecha fascista lo tiene casi en el final. Ahora toca estar con Petro.

¿Emocionalmente ha superado los malos recuerdos de la guerra?

Sí los he superado. No tengo ningún trauma sicológico y por lo mismo me siento bien. Aunque mi mente guarda momentos espantosos de la guerra que son imborrables. ¿Cómo olvidar a compañeros que murieron al no saber manipular una granada de fragmentación recuperada en un combate con el Ejército. 16 compañeros a los que enterramos de 2 en cada fosa? Eso no se olvida.

¿Cómo participa usted en la política?

Participo ejerciendo mi voto en la elecciones, acudo a votar por las fuerzas de izquierda. Hoy a mis 83 años es todo lo que puedo aportar políticamente.

¿Cuál es su visión de Norte de Santander?

Mi visión es, un futuro incierto, pues los partidos reaccionarios pro-yanquis gobiernan para su propio beneficio, politiqueros corruptos que han olvidado a su pueblo.

¿Cuáles son sus ideales políticos?

Mis ideales siguen siendo los mismos desde que desarrollé mi conciencia política. Son como los de Bolívar, Chávez, Gaitán: lograr un país en paz, con prosperidad e igualdad de oportunidades para trabajar, estudiar y vivir dignamente, donde pensar diferente no sea causa de muerte. Un país con futuro, que sus fundamentos sean “obtener la mayor suma de felicidad para su pueblo”.  “El hombre es un ser social-político, toda acción que hace es una acción política”.

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Cicerón Flórez Moya
Cicerón Flórez