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‘Cartas a Antonia’, un viaje por Colombia en voz de Alfredo Molano

Viernes, 4 de Septiembre de 2020
Este relato de un país para su nieta será presentado en la Fiesta del Libro de Cúcuta.

La pluma de Alfredo Molano Bravo es certera y aunque el autor bogotano falleció hace nueve meses, sus letras permanecen más vivas que nunca con títulos como ‘Cartas a Antonia’, un libro que tardó más de una década en escribir y en el que desnuda su esencia para relatarle a su amada nieta Antonia el país en que nació. El libro acaba de salir al mercado editorial y fue publicado por Penguin Random House, bajo el sello Aguilar.

El conmovedor relato, cargado del amor puro de un abuelo que recorrió las entrañas de Colombia a lomo de mula y con mochila, es presentado hoy a las 5 de la tarde en la Fiesta del Libro de Cúcuta. El encargado de charlar virtualmente con los lectores es Alfredo Molano Jimeno, hijo y heredero del vasto legado literario de Molano Bravo.

¿Cómo describe el amor de Antonia por su padre?

El amor de Antonia por mi papá está escrito en el libro como el amor por su todo, en mayúscula. Él fue más que un abuelo y esa relación construyó un lazo íntimo, fuerte y especial.

¿Cómo eran sus momentos de diversión, recuerda alguna travesura que hicieron juntos?

Mi papá odiaba ir a centros comerciales, pero con Antonia todo era maravilloso. Veían hasta tres películas gringas, lo que no hizo con ninguno de sus hijos. Ellos tuvieron una complicidad enorme y la alegría al verse era el reflejo de un amor profundo.

La muerte de su papá es reciente, ¿cómo vive el duelo Antonia?

Ella tiene 15 años y aún vive su duelo, está radicada en Cusco (Perú) desde hace cuatro años, la enfermedad de mi padre la tocó y sus palabras son de dolor.

Antonia es el reflejo de las nuevas generaciones de colombianos, ¿cómo le describió su padre el país en que nació?

El libro contiene un segmento de cartas en el que se cuenta las historias de esos recorridos que hizo mi padre por Colombia, por sus rincones, palpando de frente la descarnada realidad. Hay momentos como las posesiones presidenciales y con ellos él le explica lo que pasó en la Batalla de Boyacá. Este es un libro que es narrado para niños, pero con la profundidad que tienen los adultos. Hay muchas facetas biográficas, testimonios de madres, intimidades, así como el diario que lo acompañó hasta antes de morir.

¿Vivieron en carne propia las travesías de su papá, un correcaminos por Colombia?

No solo los cuatro hermanos, sino una camada de sobrinos. Todos fuimos criados con ese estilo de vida, el de un hombre viajero que nos enseñó el verdadero rostro de Colombia. Lo acompañamos a sus rincones, navegando el río Orinoco, andando en chalupa por el Amazonas, a lomo de mula en muchas regiones. Somos una comunidad de viajeros.

¿Por qué él afirmaba que en el país hay que vivir con intensidad?

En su interior era un hombre místico y se la pasaba buscando los rincones no explorados de nuestro país. A sus 75 años estaba en el mejor momento y quería seguir viviendo para escribir y andar por caminos. 

Él luchó contra un cáncer, pero jamás perdió la rigurosidad para las letras, ¿qué significa heredar ese legado?

Honrar una lucha, una forma de vivir este país. Hay una necesidad de recoger su voz, pero al mismo tiempo encontrar la propia. Es una sensación de responsabilidad con él y conmigo.

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Eduardo Rozo