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La historia de una foto memorable

Domingo, 29 de Diciembre de 2019
‘Demolición’ fue durante 11 días un centro cultural con exhibiciones de cine, teatro, música, poesía, debate, talleres, conocimiento y creación viva.

Artículo en homenaje al maestro Lucho Brahim, fallecido en 2019.

Hay de esta fotografía de 2010, variaciones leves de ángulo y de cámara, pero la pose del grupo es la misma siempre, la mantuvimos emocionados durante un buen rato, incluso nos turnamos para disparar o para que Cathy Courtain -parada en la cabeza- descansara, muy conscientes de estar dando un paso ritual hacia la intimidad de un sentimiento más duradero y más sólido, la idea de un grupo unido dedicado a las artes. 

No sé si se habrá explorado la afinidad existencial entre Aragón (España), Palestina (Cercano Oriente) y nuestra ciudad de frontera, el caso es que debemos a Luis Miguel Brahim Martínez y a su hermano Alex, originarios de esos tres lugares, la audacia de haber asumido toda suerte de obstáculos -materiales, psíquicos, burocráticos, culturales- para elevar nuestra cohesión al nivel de hazaña. 

Siendo profesor de la facultad de Arquitectura, Lucho Brahim concibió la acción multidisciplinar ‘Demolición’, logrando reunir a artistas de todas las edades, pelambres y procedencias en un maravilloso inmueble de dos plantas de inminente derribo. ‘Demolición’ fue durante 11 días un centro cultural con exhibiciones de cine, teatro, música, poesía, debate, talleres, conocimiento y creación viva.

Ahora bien, lo que en realidad trae a la mente esta fotografía, es el protagonismo colectivo, la ausencia de héroe individual, puesto que Lucho propició por su cuenta y riesgo un fenómeno de socialización de los sentimientos transmitido a todos, incluidos los miles de espectadores que se tomaron el tiempo de asistir activa y productivamente a los eventos programados e incluso echar una mano y de paso transformar positivamente sus propias vidas. 

‘Demolición’. Cúcuta, octubre 5 al 16 de 2010.

A ‘Demolición’ siguió ‘Demolición II’, ‘Renovación’, una campaña gigante de muralismo a partir de una investigación histórica bajo los puentes de la ciudad, la residencia artística Los caminantes de la frontera, la Lunada de la Villa Antigua del Rosario, la puesta en marcha del Museo La Memoria como recinto institucional con una clara línea programática, la curaduría ‘Caminos Reales’, investigación becada por el Ministerio de Cultura y por lo pronto, vamos en Juntos Aparte, Encuentro Internacional de Arte, Pensamiento y Fronteras, cuya primera edición 2017, fue seleccionada por la Bienal de Arte Contemporáneo de América del Sur, como una de sus sedes permanentes. 

Juntos Aparte acaba de celebrar su segunda edición con obras de 72 creadores de diversas nacionalidades -Alemania, Holanda, Polonia, Italia, España, México, Venezuela, Argentina, Puerto Rico-, distribuidas en cinco exposiciones, cada una en un espacio patrimonial diferente de San José de Cúcuta, acompañadas de talleres, vida en común, conferencias, documentación y publicaciones, dando motivos incontestables para reivindicar el arte y la cultura como eje de nuestra ciudad y sociedad. 

Así lo dejó sentado el II Encuentro Internacional Juntos Aparte 2019, afirmando nuestra contribución ciudadana a la reflexión sobre el concepto de fronteras en el mundo y un sentido de comunidad, dignidad y justicia en nuestra sociedad civil.  

Pero volvamos al incompleto retrato colectivo de 2010, el cual podría titularse no sin pompa Grupo de personas en un atrio o Alegoría del arte y la vida o del presente y el futuro. 

Al menos una docena de los retratados aquí sigue practicando hoy la complicidad de las iniciativas culturales de los Brahim. Y falta otra docena, veamos: cambiando de pierna, casi en el centro de la fotografía y vestido de purísimo blanco, Jorge Hernández porta una pica y un pincel para explicarnos cómo, junto al poeta nórdico O. Schoonewolff, son los patriarcas del grupo. 

Por cierto que Lucho nunca se olvidó de empezar su autobiografía artística con un agradecido “alumno del maestro Jorge Hernández en el Taller el Hueco (Cúcuta)”, para continuar con un accesorio pregrado en la U. de los Andes (Bogotá) y los posgrados en la Massana (Barcelona) y la U. Complutense (Madrid). 

Como todo el mundo sabe, Lucho es el del sobretodo industrial, la reluciente testa y la mirada azul profunda. A su lado está la joven artista Tamara Clavijo, que hoy vive y trabaja y sueña en Toulouse (Francia). En la carretilla, Tania Clavijo (termina su período de escolarización este año), Alexandra Morelli (artista plástica, diseñadora gráfica y joyera) y la hija de nuestro profesor de cine, el colombo-mexicano Alfredo Rubio. 

Parada de cabeza, Catherine Courtain (vive y trabaja y sueña en Martinica), y a su lado un jovencísimo Fabián Mena, finalista de la sexta Bienal Iberoamericana de Diseño (Madrid, noviembre de 2018). 

Detrás de Tamara, Liz Clamerán, fundadora de Hip Hop Paz (Cúcuta). Por el otro lado, junto a Jorge Hernández, la fotógrafa Gabriela Sierra (vive y trabaja y sueña en Buenos Aires), el gran pintor, ya ido, Hernando Cruz y el autor de estas líneas. 

Al extremo de todo, el fotógrafo Camilo Suz. Atrás, el grafitero Yesúxx Vargas y el maestro Alfonso Durán, entre muchos otros que no aparecen en la fotografía pero que tienen la misma relevancia (Doguet, Showy, Ahiman, Pipe, Samir Quintero, los hermanos Daniel y David Grimaldo, Rolxer Rolando Cerón, Josué Jaramillo, Leonardo Parra, Vianny López, Lina Sofía e Italo OV, y una lista potente, creativa y larga). 

Finalmente, a la fotografía la hemos llamado ‘El derecho & el revés’ para reforzar con su reflejo la unidad, ya no del grupo en el espacio y en el tiempo, sino de la sociedad que acompañamos y de la que formamos parte, para acentuar nuestro hecho diferencial fronterizo como la vida hecha de ida y regreso en el que nada adviene o deviene independientemente, para crear el futuro y para suspirar por lo que falta.  

Por: Juan Carvajal Franklin/Especial para La Opinión

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