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Para Darío Ortiz, la calle es una galería

Miércoles, 5 de Diciembre de 2018
El artista es conocido en Ocaña por hacer rostros con carboncillo.

La mirada la tiene fija en cartulinas y en lienzos, a los que les da vida con carboncillos. Solo con mirar una fotografía o a una persona, hace dibujos con tal exactitud que le han significado el cariño de los ocañeros, que lo saludan con agrado en las calles, donde tiene una galería a cielo abierto.

Él, Darío Armando Ortiz Tarazona, de 20 años, de estirpe campesina y oriundo de Ábrego, dijo que de niño sintió curiosidad por el arte, pero fue en Cúcuta donde aprendió la técnica del carboncillo, con artistas callejeros como Johan Manuel Contreras Rangel, quien actualmente está en España cumpliendo un sueño de vida.

A él quiero seguirle los pasos, viajar por el mundo y nutrirme de experiencias artísticas para enriquecer el contexto local. Estoy ahorrando para materializar el proyecto de vida”, dijo.

Ortiz estudió en el colegio Carlos Julio Torrado Peñaranda de Ábrego, era un niño tímido que pasaba demasiado tiempo sentado en su pupitre y ahí, en sus cuadernos, hacía las siluetas de sus profesores y de sus compañeros.

“Jamás imaginé que el pasatiempo para espantar largas y aburridoras jornadas de clases se iba a convertir en la herramienta para ganarme la vida”.

Parte de su precisión al momento de dibujar, se lo debe al autoaprendizaje que ha tenido, leyendo y observando tutoriales. Además, ha investigado las diferentes técnicas del dibujo.

En sus inicios trabajó en las calles de Cúcuta, luego de graduarse del colegio en 2014. Tras el corto paso por la capital de Norte de Santander, se radicó en Ocaña y montó su puesto en el parque 29 de Mayo.

“La lluvia me hizo mudarme a la oficina, como le digo jocosamente al andén frente al Café Rinaro. Los propietarios de los locales aprecian mi trabajo y me dejan laborar sin dificultades”.

“Uno de los dibujos más difíciles es el rostro, entonces cuando el artista maneja el retrato, puede plasmar cualquier tipo de dibujo, sean animales o paisajes. El secreto está en jugar con sombras, tonalidades, y una cantidad de elementos muy afines con la fotografía”.

Sobre el sueño de llegar a España, dijo que quiere compartir plaza con su mentor Contreras, tal como lo hicieron en Cúcuta.

Pese a ser un amante de la soledad y de que en su familia no lo apoyan con el arte, en Contreras encontró un compañero de aventuras artísticas.

Para Ortiz vivir del arte no es una tarea fácil y mientras ahorra lo necesario para partir de la Provincia, madruga todos los días a su oficina y con la noche, retorna a su cuarto para reponer energías y dejar que en la imaginación aparezcan las plazas españolas donde desea pintar y expandir su talento para el dibujo.

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