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La gramilla del General, un ser vivo en estado terminal

Sábado, 26 de Septiembre de 2020
La cancha fue entregada hoy con la recomendación de cambiarla.

El pasado 7 de septiembre, luego de unas fotografías publicadas por La Opinión, se pudo evidenciar que la gramilla del estadio General Santander no estaba en condiciones para el regreso del fútbol profesional a la ciudad.

Con un estado de aparente descuido, las fotos áreas causaron revuelo en la capital nortesantandereana pues era inadmisible que sin usarse desde el 1 de marzo, última vez que jugó el Cúcuta, el gramado del máximo escenario deportivo del departamento se haya dañado de tal forma.

Ese mismo lunes 7, el Instituto Municipal para la Recreación y el Deporte (IMRD) le informó al Cúcuta Deportivo que, de momento, no podría utilizar el General por el estado del gramado. Esa decisión sumó mayor molestia en la ciudadanía y en redes no tardaron en responsabilizar a diferentes actores sobre la situación.

En la comunicación entre el IMRD y la institución futbolística, se citó a la empresa contratista Paisajes y Jardines, la cual le informó al Instituto que por el estado en el que se encontraba “no era recomendable prestar el escenario ni para prácticas, ni para competencias de fútbol profesional, todo a su vez que el suelo no se encuentra apto para para la actividad deportiva”.

Paisajes y Jardines, empresa que tenía a cargo el mantenimiento del gramado del General Santander, le pidió una prórroga de 30 días al IMRD (administrador del estadio), para hacer la entrega que finalmente se dio en la mañana de hoy.

Vida útil superada

 La actual gramilla del estadio fue cambiada en el 2012 de cara a los Juegos Nacionales que ese año se disputaron en la ciudad.

“Una cancha se debe cambiar cada cuatro años, es lo recomendable. Esta ya tiene el doble de la vida útil y a pesar de ello, la cancha se sostuvo”, aseguró el ingeniero Juan Guillermo Correa, representante de la empresa Paisajes y Jardines que tiene a su cargo cerca de once canchas del fútbol colombiano, entre ellas la del estadio Metropolitano de Barranquilla y la del Atanasio Girardot de Medellín.

La empresa asumió el tratamiento de la cancha el 16 de marzo de este año, cuando firmó el primer contrato con el IMRD con una duración de 45 días por un costo de 22 millones pesos.

“El gramado es como un ser humano y está como si fuera un enfermo de cáncer que llega un momento donde no aguanta más aun así se le apliquen medicamentos”, explicó Correa quien además hizo énfasis en que como se encontraba hace un tiempo no era recomendable jugar, con el fin de proteger la integridad de los jugadores.

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Luego de terminar el primer contrato el 29 de abril, la empresa volvería a contratar el 8 de junio cuando firmó un convenio de  30 días por 14.700.000. Este se ampliaría  15 días más aumentando su costo a 22.050.000.

En este contrato hubo una suspensión de 15 días pedida por el contratista, pues no podía transportar maquinaria para el tratamiento, ya que a la fecha los servicios de transporte entre ciudades presentaban restricciones a causa de las medidas para contrarrestar la pandemia en el país.

Fue así como el contrato terminó el 6 de agosto, fecha en la que los trabajadores de la empresa en la ciudad no pararon de trabajar, por un tiempo, pues aún faltaban labores de mantenimiento para tener la cancha en condiciones aceptables.

Para aquel momento, Arnulfo Sánchez Dueñas, exdirector del Instituto, ya cumplía seis días de haber sido declarado insubsistente en el cargo, quedando como encargada Adelia Rincón hasta el 24 de agosto, fecha en la que asumió Oscar Montes Ararat.

En ese mismo mes, los trabajadores recibieron la orden por parte del IMRD de parar sus trabajos, pues el Instituto buscó prevenir acciones legales en caso de un accidente puesto que no había contrato vigente.

Esa pausa, de una u otra forma, contribuyó al desgaste. Al consultar sobre el tiempo, el supervisor del contrato, el ingeniero Sergio Montañez, aseguró que fueron seis días.

Posterior a ello, el personal de Paisajes y Jardines continuó laborando bajó su propio gasto. “Se trajeron los equipos necesarios y se incluyó más personal. La empresa encargada siempre ha tenido la mejor disposición para entregar la cancha”, contó Montañez.

Otros problemas

Además de la antigüedad y el ciclo de vida del gramado, se le sumó el problema del insecto conocido como ‘Perrito de agua’ (una clase de grillo) el cual habría generado cierto tipo de inmunidad al insecticida aplicado.

Este insecto se come la raíz, creando un cierto tipo de túneles en el sustrato, generando que al pisar se hundiera, que la capa se viera amarrilla y a la hora de pasar maquinaria se deprendiera la grama.

Gracias a que el cambio de insecticida resultó efectivo y se sacó una gran cantidad de la plaga, el hundimiento se pudo corregir en algunos lados de la cancha pero no en su totalidad.

“En su momento el perrito de agua nos tomó ventaja porque se pensó que el amarillamiento en algunas zonas de la cancha era normal,  se solucionaba con cortar y fertilizar para que tomara color verde. A tiempo no se pudo detectar la inmunidad frente a los insumos e insecticidas que se estaban aplicado. Luego se hicieron los apiques, cambio de insecticidas, se aceleró la fumigación y efectivamente funcionó”, explicó el supervisor.

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 El motivo por el cual se pensó que el amarillamiento era normal es por otro problema que tiene la grama. Este color sale en algunas zonas porque la cancha tiene varios tipos de grama, entre ellas una llamada zoysia japonesa que al momento del corte adopta ese color.

La razón para que esta llegara al General, fue porque al momento de pisar el terreno, los guayos no vienen del todo limpios sino con residuos de las canchas de entrenamiento y por ello, con el tiempo se va generando una invasión. Para contrarrestar esa situación, el año pasado se puso un gramado sintético alrededor del terreno de juego para que al momento de entrar, el guayo ya esté de cierto modo limpio.

Si bien el cambio de insecticida resultó efectivo, el resultado de los otros procedimientos de resiembra, aplicación de arena para la nivelación y paso de un rodillo, no tuvieron el efecto esperado.

“Acá no hay culpabilidad de nadie. Es un ser vivo y se llegó a un momento de fase terminal”, afirmó el contratista Correa.

Esta afirmación fue respaldada por el supervisor del contrato quien subrayó que al ser un ser vivo requiere unos cuidado, pues también se enferma. “Siempre es un reto mantenerla a punto. No siempre reacciona de la misma manera”.

El cambio es la solución

En la entrega efectuada esta mañana, la recomendación del ingeniero Correa fue hacer un cambio total de la cancha.

“La cancha se recibió formalmente con la capa vegetal recuperada pero le recomendación fue cambiarla pues no se obtuvieron los resultados esperados en cuestión de que se siguen presentando desniveles, ablandamientos, huecos, no está el color esperado y no vemos viable invertirle a una cancha que no se pueda recuperar”, afirmó el director Montes Ararat añadiendo que conservar esta traería riesgos para los deportistas y por su estado, el costo de mantenimiento incrementaría.

De igual forma, el actual director contó que se hicieron unos apiques del sustrato para que sea evaluado en un laboratorio Medellín y así tener un diagnóstico más detallado para tomar decisiones. 

¿Intención de sacar al Cúcuta?

Justamente el daño de la cancha coincidió en el mismo tiempo en que el Cúcuta Deportivo debía pagar 910 millones de pesos al IMRD, en el marco del proceso de reorganización empresarial del club.

“No tiene nada que ver con que el Cúcuta pague o no. Todos queremos que juegue acá, pero el estadio no tiene condiciones de gramado”, aseguró Montes, cuando se conoció la noticia de que no podría jugarse fútbol profesional.

 Dadas las circunstancias, los tiempos están correctos para hacer el cambio de cancha para que el Cúcuta Deportivo regresé en enero de 2021.

Historial del tratamiento

La cancha del General Santander venía siendo tratada desde diciembre del 2018 por la empresa Zonas Verdes de Antioquia, a quien se le adjudicó un primer contrato el 6 de dicho mes por 15 millones de pesos, para el mantenimiento por 45 días.

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Posteriormente, el 12 de febrero de 2019 se le dio continuidad con otro por 21 millones y la misma cantidad de tiempo. El 4 de abril se firmó uno por ocho meses que, al cumplirse, fue extendido en otros 60 días hasta el 19 de febrero de 2020 por un costó de 138 millones de pesos.

Al completarse el contrato del 19 de febrero, se volvió a contratar casi un mes después (el 16 de marzo) con la empresa Paisajes y Jardines, la cual es aliada de Zonas Verdes de Antioquia.

Como anteriormente se contó, ese contrato duró por 45 días (hasta el 29 de abril) y de allí se volvió a contratar un poco más de un mes (8 de junio) y para acompañar el proceso, se contrató al ingeniero agrónomo Felipe Fuentes el 30 de agosto.  

Al consultar al exdirector Arnulfo Sánchez sobre esos días sin contratar, aseguró que a la cancha nunca se le paró el mantenimiento y a razón de esto no se presentó el aspecto que se apreció a principios de septiembre.

También confesó que en una junta se propuso entregar el estadio General Santander, por la falta de recursos para su mantenimiento, pero finalmente no fue lo más recomendable.

 

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Gustavo Contreras
Gustavo Contreras