Arena de aguacate, la clave para fabricar ladrillos

Lunes, 7 de Junio de 2021
De la fruta también se puede extraer aceite como combustible para automóviles o fabricar resinas mezclando esta “arena” con azúcares.

Frente a la sobreexplotación de los recursos naturales, creadores de cuatro países latinoamericanos reflexionan sobre cómo diseñar un mundo más respetuoso del planeta en el marco de la III Bienal de Diseño en Londres.

De la semilla de aguacate a los minerales raros, pasando por el agua o las plantas silvestres, los pabellones de Venezuela, Chile, Guatemala y Argentina –de los 29 que conforman esta edición, abierta hasta el 27 de junio– proponen modificar comportamientos con el uso de las materias. 

“En Venezuela todo es petróleo, el 96% de nuestra economía depende de las exportaciones de petróleo, pero esa industria se está muriendo”, dice la venezolana María Elena Pombo.

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Formada en ingeniería industrial en Venezuela y Francia y dedicada al diseño de moda en Nueva York, comenzó a utilizar la semilla de aguacate para teñir tejidos antes de darse cuenta de que triturándola obtenía una “arena” con la que se pueden fabricar ladrillos.

“En el mundo ahora se está acabando la arena, el cemento es un generador de CO2 inmenso, así que utilizar esta arcilla sería una solución concreta a un problema real”, afirma.

Pombo asegura que esta en conversaciones con una empresa de arquitectura alemana para evaluar su viabilidad.

También defiende construir para su país “no solo una economía nueva sino también un identidad nueva. La gente se quiere quedar en el paradigma de solo exportar y lo que pasa es que el superfamoso chocolate belga está hecho en realidad con el cacao de Venezuela, de Ecuador y de África”.

A diferencia del petróleo, propone no exportar sino potenciar la explotación del aguacate, un recurso del que también se puede extraer aceite como combustible para automóviles o fabricar resinas mezclando esta “arena” con azúcares.

‘Volver a pensar el diseño’ 

Hay que “volver a pensar el diseño desde el territorio, desde las culturas”, afirma la chilena Carola Ureta Marín, una de las cuatro comisarias de un pabellón construido en tornos a dos inmensos litófonos hechos con piedras de distintas canteras de Chile y que el visitante puede percutir para producir sonidos.

“Todos los celulares, los computadores usan minerales provenientes de las piedras” y “hay mucha minería en Chile, que arrasa con los territorios solo para producir esta tecnología”, denuncia. 

Y llama a “reconectar con tecnologías ancestrales” como estos rudimentarios instrumentos musicales, para “diseñar no estrictamente desde el capitalismo sino desde el diálogo con las comunidades donde están los mismos materiales”.

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En las paredes, varios gráficos muestran la expansión de estas ondas por el espacio, como el impacto en el planeta de los movimientos tectónicos originados en Chile, empezando por el gran terremoto de magnitud 9,5 en 1960 en Valdivia, el más potente registrado en la historia.

“Un proyecto de diseño va mucho más allá de generar un nuevo producto, un lindo sofá o una linda lámpara, tiene que generar nuevas formas de relacionarnos entre personas y con lo que la tierra nos da”, considera el argentino Cristián Mohaded, cuya instalación homenajea a un artesano de la cestería tradicional de su provincia de Catamarca, Lorenzo Reyes.

Trabajando desde hace 40 años el simbol, un matorral silvestre que crece en largas y finas varas, ha encontrado nuevas técnicas para tejer todo tipo de objetos “rompiendo los límites de algo que es tan tradicional”, afirma.
 

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AFP
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