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Al oído de Duque y Maduro

Viernes, 21 de Agosto de 2020
Es imperativo reabrir oficinas consulares a ambos lados, como por ejemplo en Cúcuta, San Antonio del Táchira, San Cristóbal, Caracas y Bogotá.

En los gobiernos del hoy expresidente Álvaro Uribe Vélez y del fallecido Hugo Chávez, Colombia y Venezuela vivieron tiempos tormentosos, donde pese a esos rayos y centellas se mantuvieron las relaciones diplomáticas en medio de las profundas diferencias ideológicas y de modelos económicos y políticos.

Al contrario de sus mentores, los hoy presidentes Iván Duque y Nicolás Maduro,  no tienen ni siquiera un canal mínimo directo para este peligroso tiempo pandémico, puesto que las relaciones diplomáticas entre Bogotá y Caracas están rotas, al extremo que ni siquiera existe un consulado funcionando.

Que se digan dictador o utilizador de falsos positivos, que se acusen de favorecer a la guerrilla o de prestarse para movidas de invasión y que levante el dedo para señalar que atienden los dictados de los ejes de Estados Unidos o Rusia, son asuntos propios de gobiernos que se consideran ‘enemigos’ en dos naciones hermanas.

La última situación alarmante acaba de ocurrir hace apenas unas horas sobre el caso de los migrantes venezolanos que están llegando a Norte de Santander con el propósito de retornar a su país, porque la pandemia les borró el sueño de un mejor futuro fuera de su patria.

Por lo que pareciera ser un malentendido y falta de comprobación y precisión de los mensajes, se caldeó la situación porque al parecer Venezuela habría clausurado el paso de sus nacionales que quieren regresar por el puente internacional Simón Bolívar, desatándose desmentidos y mayor preocupación para quienes buscan volver.

Como se trata de seres humanos, Duque y Maduro tienen que ‘desarmar sus espíritus’ y usar la diplomacia de los estadistas para admitir que sobre ese abismo ha llegado la hora de tender un cable consular, porque entre otras cosas, nuestra frontera común de 2.200 kilómetros necesita más que una entidad técnica como son las autoridades migratorias, lo que requiere es de  cónsules, y no traídos de Bogotá o el interior, sino de los territorios a quienes les duela la región.

Es imperativo reabrir oficinas consulares a ambos lados, como por ejemplo en Cúcuta, San Antonio del Táchira, San Cristóbal, Caracas y Bogotá, que ya podrían tener un contacto directo con las cancillerías y que para situaciones tan puntuales y riesgosas como la ocurrida el jueves, en cuestión de horas podrían aclarar, precisar, desvirtuar o confirmar esas determinaciones.

Además, y sin que esto equivalga a ningún reconocimiento, pero los pueblos del Táchira, Norte de Santander, Arauca, Apure y otros, deben ser escuchados para que más pronto que tarde, se pueda restablecer el intercambio comercial como históricamente se ha hecho, permitiendo así la reactivación económica y la recuperación de miles de empleos perdidos.

Los presidentes Duque y Maduro cuentan por intermedio de la OEA, la ONU o de sus respectivos grupos y gobiernos amigos, con los mecanismos para seguir exponiendo las denuncias mutuas y las consideraciones geopolíticas respecto al contrario, pero los colombianos y venezolanos requieren que se abra una ventana diplomática como la han tenido hasta enemigos viscerales como Cuba y Estados Unidos o incluso las archienemigas dos coreas tuvieron hasta junio de este año una oficina de enlace, que fue cerrada.

Por último, la misma histórica crisis migratoria debe de obligar a que se haga un alto entre los dos jefes de Estado (así Maduro no nos guste y así del otro lado del Táchira, Duque a muchos les disguste), lo cierto es que esa oleada humana debería mover el sentimiento de ambos y habilitar el urgente canal consular, pues no podemos pasárnosla peleando entre un gobierno de derecha en Colombia y uno de izquierda en Venezuela, como si entre contrarios no se pudieran tender puentes. Para eso se hizo la diplomacia señores presidentes.

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