Escuchar este artículo

Alcohol y gasolina

Lunes, 26 de Junio de 2017
Es una dolorosa tragedia que se viene repitiendo en forma alarmante.

El mortífero coctel que produce el alcohol con la gasolina sigue llevando la muerte y el luto a las familias de Cúcuta y Norte de Santander.

Es una dolorosa tragedia que se viene repitiendo en forma alarmante, a pesar de las campañas de prevención y las acciones de las autoridades de policía y de tránsito.

El año pasado se trajo a Cúcuta un grupo élite de la Policía Nacional y sus operaciones permitieron no solo buenos recaudos por concepto de multas y comparendos, sino reducción significativa en materia de accidentalidad vial.

Se decía entonces que por fin se estaban metiendo en cintura a los infractores y transgresores de las normas de tránsito. Lo mismo que a los conductores y motorizados irresponsables e intolerantes.

Pero hubo presiones de varios concejales y de otros sectores de la comunidad que criticaron la  acción de las autoridades y reclamaron la suspensión de sus operativos por la presunta comisión de abusos contra los infractores.

Una situación típica de nuestro entorno: un día se reclama mano dura de las autoridades, la aplicación rigurosa y el cumplimiento de las normas, pero al otro se protesta y se queja cuando se afecta algunos sectores e intereses.   

El problema de la siniestralidad vial se volvió una calamidad de salud pública no solo en Colombia sino en el mundo. Y así debe asumirse. Es un problema     que a todos involucra o nos tiene que involucrar, y no solamente a los organismos de tránsito y transporte.

A las autoridades hay que pedirles que mantengan e intensifiquen las campañas de prevención y educación vial, lo mismo que las relacionadas con la señalización y la demarcación en las vías.

A los padres de familia que tienen que estar siempre pendientes de sus hijos. No debe permitírseles su participación en peligrosas carreras de piques o de acrobacias mortales que pueden terminar recogiendo sus restos o postrados en una silla de ruedas.

Es hora de que en los colegios y escuelas se implante la materia de educación vial. Que los niños y jóvenes conozcan y aprendan las normas de tránsito, tomen conciencia sobre la necesidad de su respeto y acatamiento y sepan de las consecuencias de su incumplimiento.

A esta campaña tienen     que vincularse con entusiasmo todos los sectores gubernamentales, los gremios, la empresa privada, los educadores, los líderes comunales, los veedores, en fin, toda la comunidad.

Hace poco se propuso en Cúcuta la creación del Observatorio de la violencia vial, pues ésta se ha convertido “en una epidemia de salud pública” con altas cifras de muertos y heridos.

El año pasado, según informes de las autoridades, manejar en estado de embriaguez y no respetar las normas de tránsito fueron las principales causas de la siniestralidad en nuestras calles y avenidas.

Éstas y muchas otras acciones tienen que emprenderse pronto para no tener que seguir lamentándonos por tragedias lamentables como las del fin de semana en El Malecón y en la vía entre Cúcuta y La Garita.