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Alerta, somos el blanco

Sábado, 28 de Abril de 2018
Colombia es el rostro del enemigo, es decir, el blanco hacia donde apunta el gobierno de Nicolás Maduro.

El ardor de la campaña electoral ha impedido que nos demos cuenta de la amenaza en que se ha convertido Venezuela para Colombia: somos su blanco, nada más y nada menos, la víctima directa de la estrategia del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) elevada a la categoría de estrategia política del Estado.

Colombia dejó de ser el país hermano, el país vecino. Ahora, Colombia es el rostro del enemigo, es decir, el blanco hacia donde apunta el gobierno de Nicolás Maduro en su pretensión de enfrentar una eventual invasión por Estados Unidos.

Lamentablemente, enfrascados en debates sobre si los zapatos del candidato rival son de una u otra marca,  si ‘donde dije digo, digo Diego’ o no, los aspirantes a ser jefes del Estado ni se han percatado de lo que le corre pierna arriba al país.

No saben —si lo supieran, ya habrían hecho referencia al asunto— sobre lo que son las Redes de Articulación y Acción Sociopolítica (Raas), no tienen la menor idea de cuántas son ni de dónde están, ni lo que realmente significan, más allá de lo que aparentan ser: una células ciudadanas de defensa de la revolución. Ese es el pretexto; el objetivo es otro.

Según el Psuv, que presiden Maduro y Diosdado Cabello, las Raas son parte de un modelo de unidad y de organización superior “para la defensa integral de la Nación (…) creado con la intención de enfrentar con mayor eficacia la constante amenaza de los Estados Unidos de recolonizarnos”.

Las Raas se integran a través de 13.682 células llamadas Unidades de Batalla Bolívar Chávez (UBCh), y su objetivo, de acuerdo con el Psuv, es “la organización de defensa integral para la nación, la defensa del pueblo en los ámbitos ideológicos, cultural, político, social, económico, electoral y militar”.

Este modelo no es nuevo. Europa lo conoció cuando el Partido Comunista de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (Urss) lo implantó primero en Rusia y luego en sus países satélites, no tanto para defender la revolución socialista adentro, sino para desestabilizar a los vecinos, a fin de debilitar su poder como una eventual amenaza fronteriza.

Una manera de desestabilizar a los vecinos consistía en infiltrar agitadores que se encargaban de organizar motines y atentados, para mantener ocupados a los organismos de seguridad; eran agitadores que se escondían entre los refugiados y fugitivos que, como todos los demás, afirmaban huir de sus gobiernos comunistas. Hubo casos en los que los rusos se las ingeniaron para dispersar enfermedades en el vecindario.

En Colombia ya hay un millón de venezolanos. Son, para decirlo de manera sencilla, algo así como la quinta ciudad, y no tenemos la menor idea de quiénes son todos, porque no hay control alguno sobre ellos. Los venezolanos entran y salen sin que nadie se preocupe siquiera de preguntarles el nombre.

Quizás la etapa del modelo en que ocurre la infiltración en el vecindario aún no ha llegado, y ese millón de inmigrantes es nada más una masa informe de gente que busca aliviar aquí sus necesidades más apremiantes.

Pero las afugias en las que andan Maduro y su revolución llevan a pensar en que todo puede estar ocurriendo, y acá todos tan campantes, dedicados a discutir sobre el sexo de los ángeles.