Asalto al Capitolio

Viernes, 8 de Enero de 2021
Pero lo macondiano es que el ataque al Capitolio lo promovió el presidente Trump, que juró defender la Constitución y la ley.

Parecía una serie de las plataformas de streaming, pero no era una película sobre la acción de terroristas domésticos. No. Fue un asalto real a las instituciones democráticas de Estados Unidos, algo impensado en la poderosa nación del norte que siempre se preció de ser adalid de la democracia en el planeta.

Pero lo macondiano y cinematográfico es que el ataque al Capitolio lo promovió el propio presidente Donald Trump, que como jefe de Estado juró defender la Constitución, la ley y el orden, los cuales hizo añicos el 6 de enero de 2021, a la vista de todo el mundo.

Mal ejemplo, sí,  eso es lo primero que se viene a la cabeza de quienes defienden la libertad de los pueblos y el respeto a los derechos humanos, porque esa incursión ratifica el mensaje de que las incontrolables ansias de poder llevan a cometer barbaridades de esta naturaleza.

Poniendo en blanco y negro la situación ocurrida en Washington, ¿qué régimen considerado de tinte totalitario y represor escuchará siquiera los llamados de Estados Unidos para que vuelva por los canales diplomáticos? y ¿qué aliados podrá encontrar para emprender sus llamadas operaciones de restablecimiento del orden en países que no están alineados con la Casa Blanca?

Las respuestas ya se empiezan a escuchar del lado de otras potencias, como Rusia, en donde Konstantin Kosachev, presidente del Comité de Asuntos Exteriores de la cámara alta del parlamento luego de ver los sucesos del pasado miércoles  advirtió: “La fiesta de la democracia ha terminado. Por desgracia, ha tocado fondo, y lo digo sin una pizca de júbilo. Estados Unidos ha perdido su camino y por lo tanto no tiene derecho a fijar un rumbo. Y mucho menos imponerlo a los demás”.

Y la proliferación de maniobras de estas contra los símbolos de la institucionalidad es otro de los riesgos que plantea lo ocurrido en la capital estadounidense, porque tanto allá como en otro país los políticos podrían tener ahí la opción violenta y de manipulación de sus seguidores para ganar poder, para debilitarlo o para sacar a sus enemigos. 

Otra lección que deja lo ocurrido es que la ambición al desbocarse no lleva sino a la pérdida de valores e impulsos de los cuales el arrepentimiento no enmendará los daños, como los que indudablemente Trump, le deja a su nación, a pesar de que por tercera persona dijo condenar lo ocurrido.

Y en cambio de prepararse para salir por la puerta grande, lo que hoy escucha es la multiplicación de los pedidos para que se active la enmienda 25, que permitiría  su destitución por considerarlo incapaz de cumplir con sus funciones, y  porque al incitar la ocupación del Congreso, violentó la ley y el orden, que él pregona a los cuatro vientos.

Al presidente electo, Joe Biden, que consideró lo ocurrido como uno de los capítulos más oscuros de la historia de ese país, le corresponderá una ardua labor de recomponer la democracia de su país que fue puesta bajo asedio.

Como en los desenlaces cinematográficos habrá de esperarse que la justicia caiga con todo su peso sobre los que se vieron involucrados en esta acción ocurrida en Washington, que tiene como antecedente 1814, cuando los británicos quemaron el Capitolio durante la guerra de 1812.

Quedará el recuerdo del hombre de los cuernos de bisonte, el de un militante neonazi, el del vándalo que se sentó en el escritorio de la presidenta de la Cámara y el de aquel que se llevó el podio durante el asalto al emblemático edificio.