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Billetes para los narcos

Martes, 24 de Agosto de 2021
Ocho mil millones de pesos de ingresos cada 24 horas es una cantidad monstruosa y que deja ver el poderío alcanzado por el negocio de la cocaína en esta parte del país.

A lo largo de los años el Catatumbo ha estado cruzado por todas las formas de violencia hasta convertirse ahora en una poderosa máquina productora de billetes para la mafia del narcotráfico, que lo transforma en uno de los lugares en que la economía ilegal se encuentra en plena bonanza.

Ocho mil millones de pesos de ingresos cada 24 horas es una cantidad monstruosa y que deja ver el poderío alcanzado por el negocio de la cocaína en esta parte del país, que en nueve días por ejemplo tiene la capacidad de poner en la caja fuerte $72.000 millones, cantidad casi equivalente a la plata enredada en las redes de la corrupción, y destinada a llevarle internet a miles de niños pobres.

Lo revelado por el Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos (SIMCI) de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), debe de mover a las autoridades a hacer una revisión a profundidad de su política antidrogas, en donde se pregunta la opinión pública: ¿hay o no una estrategia conjunta con México, sabiendo que poderosos carteles de ese país conquistaron el Catatumbo?

Pero mientras tanto debemos insistir en que algo está fallando y que es urgente revisar e incluso hasta repensar las estrategias, porque en este momento Norte de Santander, para dolor de todos, tiene a dos municipios dentro de los primeros productores de hoja de coca en el país, materia prima para alimentarles el fabuloso negocio a los mafiosos.

Tibú, Tumaco (Nariño), El Tambo (Cauca), El Tarra y Puerto Asís (Putumayo) son los cinco mayores municipios cocaleros en el país, al concentrar el 33 % del total del área sembrada con los llamados cultivos ilícitos en el país.

La otra comprobación de que así como Norte de Santander es campeón en informalidad y ocupa puestos de vanguardia en pobreza extrema y desigualdad social, es que en el otro extremo el negocio coquero es tan grande que solo el territorio tibuyano registra 19.334 hectáreas cultivadas con hoja de coca, es decir, el 13 % del total nacional.

En este punto resulta muy diciente lo advertido por la Contraloría General de la República, de que en el Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito (PNIS), de que en el país entre 2017 y 2020 se presentó una disminución de 81 % de los recursos presupuestados, generando  retrasos en la ruta de intervención y aumentando el riesgo de incumplimiento a las familias beneficiarias y por lo tanto el de resiembra de coca.

Lo cierto es que esa economía ilegal en donde los billetes se multiplican hay que debilitarla cerrándole los vasos comunicantes y restarle posibilidad de seguir acrecentando la violencia, las amenazas, los ataques contra la población civil y las acciones encaminadas a generar un control territorial.

Es que estas cifras deben de llamar -más que a  la reflexión- a evaluar con cabeza fría situaciones tan rutilantes como aquella de que la producción diaria de cocaína en el Catatumbo es de unos 854 kilos que al venderlos en la zona dejarían $4.697 millones, pero si se consiguen un comprador en Estados Unidos, la suma se triplicaría hasta los $15.000 millones, por ese solo viaje.

Encontrarle el talón de Aquiles a esa empresa criminal del narcotráfico es una cuestión prioritaria en donde hay que dejar de lado la ojeriza con el Acuerdo de Paz y también intensificar acciones internacionales que corten la ruta del dinero de la mafia para quitarles el control de ese oscuro y sangriento negocio

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