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Burbuja de paz

Domingo, 9 de Mayo de 2021
En medio de todo lo que ocurre en Colombia, una noticia de estas resulta alentadora para una región como la nuestra que ha estado agobiada por los problemas de orden público y de violencia desbordada.

Uno de los nuevos señalados enemigos para los colombianos son las disidencias de las Farc a las que les denominan Gentil Duarte, Nueva Marquetalia o Narcotalia, que también hacen presencia en Norte de Santander, como otro factor violento.

¿Y los que en el departamento hacen parte de ese grupo que no se acogió al Acuerdo de Paz  de dónde provienen? ¿Acaso se han llevado a quienes en un principio lo acogieron?

Quien mejor que la Misión de Verificación de la ONU para conocer una información muy cercana a la realidad del proceso.  “De los más o menos 639 excombatientes que están dentro del proceso de reincorporación, la mayoría sigue”, fue la respuesta que recientemente  entregó Arnault Serra-Horguelin, jefe de la Oficina Regional de Cúcuta de la Misión, en diálogo con La Opinión.

En medio de todo lo que ocurre en Colombia, una noticia de estas resulta alentadora para una región como la nuestra que ha estado agobiada por los problemas de orden público y de violencia desbordada.

Es igualmente gratificante tanto para el departamento como para la misma paz colombiana, escucharle decir al  verificador del organismo multilateral, que en el caso de los ex-Farc en Norte de Santander, “la mayoría ha elegido quedarse con el proceso legal”. Y en el resto del país las cifras son muy parecidas.

Este poderoso mensaje que sale desde los territorios donde se encuentran quienes en el pasado hacían parte de las filas guerrilleras pero que decidieron apostarle a la paz y jugársela por ella hasta el final,  tiene una gran significancia tanto para la comunidad internacional, como para los colombianos y para quienes todavía exteriorizan ácidas posiciones críticas contra el acuerdo con esa guerrilla.

Hay que aplaudir el compromiso de quienes fueron combatientes por mantenerse alejados del conflicto armado, entre ellos los 227 exintegrantes de las Farc que se encuentran en Tibú, 80 de los cuales están en Caño Indio, y los que ahora residen en El Tarra, Convención, Teorama, Cúcuta y otros municipios.

Al Estado, a la misma ONU y a los cooperantes internacionales que continúan apoyando la consolidación del acuerdo, les corresponde ‘blindar’ a ese conglomerado para que ni vayan a ser atacados o finalmente algunos cedan a los ofrecimientos de las disidencias, los carteles del narcotráfico o las bandas criminales, para que se vayan con ellos.

La mejor forma de cerrarle ese camino consiste en no abandonarlos y seguirles ayudando a consolidar sus proyectos de emprendimiento y los planes de estudio y de beneficio comunitario, porque está probado que es más productivo y beneficioso invertir en la paz y no en la guerra entre hermanos.

Qué bueno es por ejemplo  escucharle decir a Arnault Serra-Horguelin que hay avances importantes, por ejemplo, en términos de presencia de Fuerza Pública y esto hace que, en este contexto de conflicto en el Catatumbo, el núcleo veredal de Caño Indio haya quedado como una pequeña burbuja de paz.

Ojalá esas burbujas de paz se multiplicaran por Norte de Santander y Colombia, entendiendo que el conflicto armado se desactiva es precisamente con acciones políticas, económicas y sociales para desactivar los factores que lo alimentan, introduciendo los cambios que se requieran para consolidar la reconfiguración de un país mejor para todos. 
 

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