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Catatumbo, sí o no

Viernes, 3 de Agosto de 2018
Algunas fuerzas sociales con vocerías beligerantes insisten en que el Estado abandonó a esa región desde hace muchos años.

Es el viejo dilema: se es o no se es, y en el Catatumbo cobra vigencia cada día, en muchas circunstancias que tienen que ver con su desarrollo.

Algunas fuerzas sociales con vocerías beligerantes insisten en que el Estado abandonó a esa región desde hace muchos años, y para ello argumentan los altos niveles de atraso, que atribuyen a todos los gobiernos.

Pero, al mismo tiempo, promueven permanentes campañas tendientes a que ese mismo Estado incumplido y negligente, y esos gobiernos, a los que les endilgan todos los adjetivos posibles, los saquen del atraso, mientras se oponen a los planes de redención. ¿Quién entiende a esas organizaciones? Ni sus dirigentes mismos…

Esa dualidad, esa mentalidad de oponerse a todo por oponerse, es la razón que mantiene al Catatumbo en el estado de postración vergonzosa en que está.

La coca, en torno de la cual se han fijado posiciones inamovibles, es hoy la causa de todos los problemas sociales, políticos, económicos y de seguridad. A ella hay que atribuir la tragedia de El Tarra, pues la coca es el motor de muchas cosas en casi todos los municipios de la subregión.

De casi todos, porque hay municipios, como San Calixto donde los campos están cultivados con café, por ejemplo, y no con coca, y los campesinos no mueren de hambre, como se argumenta en defensa de los cultivos de uso ilegal.

Algunos sectores sociales, minoritarios, pero muy beligerantes, se opusieron a la erradicación forzosa de la coca, y defendieron con radicalidad la sustitución de cultivos. Incluso hubo quienes, en un abierto desafío al Estado, organizaron una asociación de cultivadores de coca, amapola y marihuana.

Y hubo otros que se dedicaron a presionar a los campesinos, para que dieran su apoyo a la idea de la sustitución, y al gobierno, regional y nacional, bajo serias amenazas de un paro, similar a otro, muy sangriento, que hubo en Tibú.

Las consecuencias de tolerar la coca son suficientemente conocidas: una de ellas es la guerra salvaje entre el Eln y el Epl; otra, la terrible matanza de nueve personas, entre ellas reinsertados de las Farc, en una sala de billares de El Tarra hace cuatro días. Y, como consecuencia, el miedo generalizado que, otra vez, se entronizó en Norte de Santander.

Aquellos mismos sectores se están oponiendo a la construcción de una carretera que atraviesa el Catatumbo y permitirá que miles de familias puedan llegar fácil al resto del país con sus productos y en busca de lo que necesitan, e impulse el desarrollo que tanto piden y que, evidentemente, es necesario.

El argumento para oponerse es de no creer: por esa vía se llevarán la riqueza minera, dicen. Si no es una estupidez, está muy cerca de serlo. Pero, si se presiona a los habitantes, y se les presenta este argumento envuelto en papel de regalo, pues el Estado, contra el que se quejan a diario, no las tendrá fáciles para su proyecto.

Por otra parte, mientras la inseguridad persista, mientras la coca sea motivo de miedo generalizado, pero también de esperanza temporal de algunos, será muy poco lo que avance la región.