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Coimas, fiscal, cianuro

Jueves, 15 de Noviembre de 2018
El caso adquiere ribetes de intriga tan fuertes, que estos días las sospechas salpican a cualquiera que esté cerca de los involucrados. 

Ya quisieran los guionistas del cine negro una historia como la de la familia Pizano y todo el rollo sin desenredar de Odebrecht y el papel del Fiscal General de la Nación, Néstor Humberto Martínez, en todo el entramado.

Que alguien, enfermo, condicione a su muerte la difusión de una grabación muy comprometedora con un abogado —empleados ambos del más poderoso grupo financiero—, al que revela que descubrió desvíos de muchos millones de pesos, sin fin aparente, deja muchas dudas —es la palabra de un muerto— en torno de todos los involucrados y supermillonarios contratos con el Estado.

Al fin y al cabo, dos años después, el abogado es el Fiscal General y, por ello, le corresponde investigar todo ese entramado de corrupción, sobornos, comisiones ilegales, tráfico de influencias —y posiblemente homicidios—, en los que su nombre aparece y de los que sabía, según la revelación.

Que Jorge Enrique Pizano, el descubridor de la corruptela, nunca dijo que el dinero irregularmente movido por Odebrecht fuera para coimas, puede, de acuerdo con el fiscal, ser cierto. Pero ocurrían, sin embargo, graves episodios de los que ese abogado, ahora fiscal, nunca informó a las autoridades. Era dinero del Estado con el que alguien estaba actuando mal, y callar ante una situación así no es la manera de comportarse que se espera de un abogado prestigioso, ni de una financiera…

El caso adquiere ribetes de intriga tan fuertes, que estos días las sospechas salpican a cualquiera que esté cerca de los involucrados, en especial porque Pizano debió morir para que se conocieran algunos episodios y, además, su hijo Alejandro murió envenenado al beber de una botella que estaba en el escritorio de su padre y que contenía cianuro, de la que aquel pudo beber. ¿Pizano padre murió de cáncer, o también envenenado, porque se suicidó o porque lo mataron? Muy difícil es saberlo, pues su cuerpo fue cremado poco después de morir.

A raíz de la doble tragedia de la familia Pizano, toda Colombia pregunta, pero nadie responde, ¿por qué la investigación sobre los sobornos de Odebrecht sigue sin mostrar todas las verdades de lo que ocurrió? El testimonio de Pizano, controlador de la inversión de Corficolombiana (Grupo Aval) en la Ruta del Sol, es apenas una de las más de 500 evidencias que sustentan los reclamos oficiales ante los contratistas. 

Odebrecht, con 60 por ciento de la constructora de la Ruta del Sol, se declaró responsable de distribuir 32,5 millones de dólares en sobornos, pero la investigación, por el ritmo que lleva y los resultados, solo genera dudas de si se está aplicando todo el rigor necesario para averiguar, caiga quien caiga, toda la verdad.

Se nos ocurren dos razones, entre muchas que argumenta la opinión pública, para la falta de contundencia de las investigaciones: cierta intimidación que ejercen los personajes más poderosos del país, y sus empresas, por una parte, y la posibilidad de que a algunos funcionarios quizás les corresponda investigarse a ellos mismos.

Ojalá estos episodios en los que la muerte baila cualquier ritmo, se aclaren lo más pronto, pero las dudas nos asaltan, porque el país está condicionado a aceptar que los poderosos siempre quedan limpios de todo. Y de Odebrecht para abajo, todos los involucrados son muy poderosos.