Escuchar este artículo

Como los subsaharianos

Viernes, 9 de Agosto de 2019
Que nos comparen con la región africana menos desarrollada,  equivale a mostrar el grado de degradación.

De las lagunas de oxidación o de las plantas de tratamiento de aguas residuales se ha escuchado hablar desde hace mucho tiempo en Cúcuta. Ayer, el ministro de Vivienda, Ciudad y Territorio,Jonathan Malagón, dejó la siguiente y grave advertencia que pone a Norte de Santander al mismo nivel de los países del África Subsahariana. El funcionario notificó que en el departamento, el 95% de las aguas negras caen a los ríos sin ninguna clase de tratamiento.  Además, es Cúcuta la de peores indicadores entre las ciudades capitales mayores de 500.000 habitantes.

En este marco, desempolvamos los apartes de un escrito del fallecido exconcejal Pablo Emilio Ramírez Calderón que recordó un pasaje ocurrido hace 28 años y que se relaciona con este asunto que es de vital importancia medioambiental y de salubridad.

“En 1991, el alcalde de Cúcuta, doctor Jairo Slebi Medina, le planteó al Concejo la necesidad de comprar un terreno amplio para construir una laguna de oxidación para el tratamiento de las aguas servidas, o negras, porque si no, el Banco Mundial no le prestaría a la ciudad los millones de dólares que se necesitaban para terminar el acueducto, que estaba en construcción”.

“El Concejo le dio la aprobación necesaria, y el alcalde compró una pequeña finca en predios del barrio San Luis, y la laguna, por una u otra razón, no se construyó, tal vez por falta de los dineros necesarios. Para entonces, vinieron de los Estados Unidos, consejeros y expertos en la materia, que pienso alcanzaron a diseñar, lo que sería, una laguna de esa clase”.

Después del lapidario anuncio del presente y de la remembranza, solo queda por decir que el territorio nortesantandereano debiera darle prioridad AAA o como se le quiera denominar, de máxima importancia, porque el convertir los ríos en cloacas a cielo abierto se está construyendo un futuro de alto riesgo, en el que puede estar comprometida hasta la existencia de muchos pueblos que tendrían que salir en un éxodo por el agua hacia otras latitudes.

Que nos comparen con la región africana menos desarrollada,  equivale a mostrar el grado de degradación y de agravamiento de la crisis ambiental que a la postre pone en evidencia el alto riesgo de efectos devastadores en la salud de los habitantes de Norte de Santander, que al tener ríos altamente contaminados por las aguas servidas que salen de las casas y que van a parar directamente a estos afluentes. Lo que está pasando es de extrema gravedad.

Es prácticamente que una obligación saldar esta deuda con la salud humana, la preservación de la ictiofauna y la conservación ‘sana’ (aunque suene redundante) de los cuerpos de agua que son los que alimentan los acueductos de donde la población toma el agua potable, que para volverla así, hay que utilizar cada día más elementos que podrían resultar siendo nocivos para la salud, por lo mismo, porque no hay en la región, la política pública ni la conciencia cívica de tratar las aguas que salen de las  cocinas y baños de los hogares, hoteles, industrias y demás componentes urbanos.

Lástima que Norte de Santander siga ganando títulos pero de lo malo. ¿Cuándo llegaremos a la excelencia? O al menos ¿Cuándo abandonaremos esos títulos no honoríficos en materias tan graves como estas? 

Por lo menos, antes de que lleguemos a la mitad de este siglo, que ya dejemos de estar comentando que somos como muchos países africanos, donde como aquí, campean la corrupción y la indolencia.

Image
La opinión
La Opinión