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Congreso madrugador

Miércoles, 21 de Julio de 2021
Sin embargo, habrá que dársele un tiempo prudencial al dignatario y sus colegas congresistas, porque como muy bien lo expone el refrán: del dicho al hecho hay mucho trecho.

Madrugaron a instalar la sesión inaugural que desde hace muchísimos años siempre era citada para horas de la tarde, pero en esta ocasión porque se temían hechos de violencia por las manifestaciones convocadas por el Comité Nacional de Paro, el Congreso de la República escribió, ayer, un acontecimiento histórico, al arrancar el último período de sesiones legislativas a  las 9:30 de la mañana.

Ojalá que así como los honorables padres de la patria llegaron muy temprano al Capitolio Nacional a ocupar sus curules, durante lo que les resta de legislatura sepan leer el país y se anticipen a actuar para ayudar a dar solución y a corregir situaciones que han llevado al agravamiento de la crisis nacional.

Ellos no deben de olvidar un reciente informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), a la que pertenece Colombia, donde se midieron  los factores de confianza de los habitantes del país en algunas instituciones, señalando con sus resultados que la imagen del Congreso va en caída libre al pasar del  34 % en 2007, al 5 % el año pasado.

Si en la práctica estos datos se volvieran votos de carne y hueso, pudiera estarse advirtiendo una  inocultable renovación en las curules, pero todos sabemos que soñar no cuesta nada porque para eso existen mil y una forma de procurar reelegirse hasta convertir la dignidad de senador y representante en un cargo con nombre propio o en una cuestión heredada de familia de o castas políticas dominantes.

Por ahora no sabemos si lo dicho ayer en plenaria por el nuevo presidente del Senado sea producto de una de esas maniobras de enviar mensajes para cautivar a las masas y decirles que el sagrado recinto de las leyes ahora sí quiere escuchar al pueblo y poner en práctica sus reclamos.

Nos referimos a las siguientes palabras dichas por el senador conservador antioqueño, Juan Diego Gómez, elegido como presidente de esa corporación: “un Congreso de cara a la juventud exige establecer y decodificar un diálogo intergeneracional que nos permita comprender las necesidades, de una juventud que palpita fuerte en la calle, una juventud que nació en la era digital, que interactúa a través de las redes sociales, con grandes conquistas en derechos individuales y colectivos, una juventud que desea ponerle corazón a la construcción del nuevo país que reclama, pero que  esa construcción demanda más que arengas, pancartas, lives, marchas y grafitis...”.

Sin embargo, habrá que dársele un tiempo prudencial al dignatario y sus colegas congresistas, porque como muy bien lo expone el refrán: del dicho al hecho hay mucho trecho.

Y mientras el tiempo se encargará de confirmar si fue un discurso para ganar aplausos de la galería y posibles adeptos entre los nuevos votantes o de verdad se trató de un acto de contrición, ayer también salió un mensaje hacia la mujer colombiana, con la llegada a la presidencia de la Cámara, de la congresista Jennifer Arias, del Centro Democrático.

Pasaron 17 años para ello y lo obvio sería que la llegada de una integrante del partido de gobierno  se tradujera en reales compromisos para un grupo poblacional fuertemente golpeado por el desempleo, impactado severamente la violencia intrafamiliar, que además es víctima del conflicto armado.

Sería un buen mensaje para los 50 millones de colombianos que por fin sus congresistas actuaran más en beneficio de las mayorías y dejaran -aunque sea en esta temporada- sus intereses grupales y personales a un lado. Ya es justo y necesario que eso suceda, en acatamiento de la Constitución y la ley. 

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