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Cuestión de método

Sábado, 14 de Octubre de 2017
Si las peticiones fueran imposibles de atender, se entendería la apatía y la abulia del gobierno cuando se trata de esta región.

Si es cierto, como dice el refrán, que la constancia vence lo que la dicha no alcanza, lo mejor que pueden hacer Cúcuta y Norte de Santander es insistir e insistir en su reclamo para que el gobierno central vuelva sus ojos a esta maltratada región.

El listado de necesidades que se tienen que satisfacer en la región lo conocen desde hace muchos años quienes toman las decisiones en Bogotá.

Que ahora haya más dificultades para encontrarle soluciones a los problemas se debe, precisamente, a que los responsables del gobierno han permitido que se haga cada día más largo el listado, verdadero memorial de agravios, sin solucionar nada.

La carta que hace pocos días entregó el alcalde de Cúcuta, César Rojas, sintetiza todo el sentimiento de desesperanza y de desasosiego que se vive en la región, y que los líderes del gobierno y del sector privado aglutinaron a modo de petición de soluciones inaplazables.

La persistencia nortesantandereana ha seguido, paso a paso, las recomendaciones de la mesura, de la sensatez y de las buenas maneras, a pesar de que la respuesta bogotana ha sido siempre un destilado de desdén mezclado con apatía y desinterés.

Hay otras maneras, otros métodos, para hacerse sentir, desde luego. Y Bogotá sabe de ellos mucho. Tanto, que les teme. Y les teme tanto, que, solo para limitar la referencia a este año, los más altos funcionarios literal y figuradamente han volado a apagar las llamas de los incendios de Quibdó, Buenaventura y Tumaco, por ejemplo.

Claro. Durante décadas, en esas regiones practicaron lo que hoy se practica en Norte de Santander: reiteradas y reiteradas cartas muy formales, mesuradas y en tono suplicante, amables, cordiales, con despliegue de buenas maneras, con sentimientos de consideración y comprensión, que no se sabe a qué gaveta —o a qué tacho de basura— iban a parar.

Hasta que un día, en cada sitio de esos, se levantaron por el lado desacostumbrado de la cama y además de decir basta lo demostraron, con vías de hecho de las que al gobierno apenas le llaman la atención. Se cansaron del método de siempre.

Que esas vías de hecho se conviertan en episodios de gravedad, que dejan muertos y heridos y destrozos cuantiosos, de ordinario se explica en la tardanza del gobierno, que no atiende cuando suenan los primeros toques de alarma.

Norte de Santander también conoce otras formas de hacer que le pongan atención a lo que dice en busca de soluciones. Pero, se deduce de la carta, parece que todavía se guardan esperanzas de que el método tradicional, funcione ante el alto poder. 

Si las peticiones fueran imposibles de atender, se entendería la apatía y la abulia del gobierno cuando se trata de esta región. Pero no lo son. Bastará con una pequeña dosis de voluntad política para darles los trámites requeridos…

Pero parece que últimamente el gobierno centralista no entiende que su existencia depende de lo que ocurre en la periferia, como tarde se están dando cuenta en Madrid en relación con  lo estaba sucediendo en Cataluña. 

Todo cambió cuando en Barcelona algunos líderes decidieron que quizás era cierto aquello de que poder es cuestión de método…

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