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¿De la mula al jet?

Viernes, 30 de Septiembre de 2016
Según estadísticas, los boletos aéreos en Colombia son más del doble de caros que en Brasil.

Siempre se ha dicho que el desarrollo de Colombia fue atípico, y que pasó de la mula al jet, sin quemar, como los demás países, etapas intermedias como la del tren masivo. Desde luego, es una forma de ejemplificar el enorme salto cualitativo de la época del champán y la arriería, a la de la aviación comercial.

A bordo de endebles botes de remos río arriba desde Cartagena y Barranquilla, y a lomo de millares y millares de mulas encaravanadas por caminos insólitos, el mundo se adentró en Colombia poco a poco.

Y, apenas naciendo el siglo pasado, irrumpió la aviación, y entonces, en alas de Scadta (hoy Avianca) y de otras aerolíneas, el mundo y sus mercancías siguieron aterrizando en el país, antes que en la mayor parte del planeta.

Pero, muchos años después, concluimos en que hablar del salto del camino de herradura a los cielos tiene mucho de entelequia: se dio ese enorme paso, sí, pero solo para unos. El transporte aéreo colombiano no ha sido, como se pudiera pensar, una actividad suficientemente democrática y equitativa.

Con la que algunos consideran la empresa aérea más antigua del continente y la segunda en el mundo, la oportunidad de volar se le ha negado, básicamente, a casi la mitad de los colombianos de hoy, lo que lleva a pensar que, hace algunos años, por muchas circunstancias, esa pudo ser una cantidad mucho más grande.

Hoy, 47 de cada 100 colombianos jamás ha montado en un avión, y la falta de dinero para hacerlo es la principal razón, en una situación en la que se conjugan dos factores: el dinero no es suficiente, y los boletos son muy caros para la mayoría de los colombianos.

Según estadísticas, los boletos aéreos en Colombia son más del doble de caros que en Brasil, donde, por ejemplo, Avianca vuela a numerosos destinos. Allí, el precio promedio por 100 kilómetros es de 9,86 dólares, lo que lo hace el país número 18 entre los más baratos.

Colombia es 52, con tarifa de 23,24 dólares por cada 100 kilómetros. India, el país más barato, tiene tarifas de 3,25 dólares por la misma distancia. Emiratos Árabes es el país más caro, con 103 dólares por 100 kilómetros.

Esta situación de costos, obvio, limita mucho las oportunidades de gran cantidad de colombianos de movilizarse vía aérea.

El Estado colombiano ha facilitado a los habitantes más alejados los viajes en avión, único medio de transporte en muchos casos. Satena es así, una empresa comercial del Estado que subsidia a los colombianos de la selva y de otros lugares remotos.

Desde luego, es innegable el aporte de la aviación al desarrollo colombiano, pero aún falta mucho, por parte del Estado, para garantizar un mejor desempeño y una utilización más democrática del servicio de transporte.

Porque, aunque no lo parezca, situaciones como la del aeropuerto Camilo Daza, con su ineficiencia, su incapacidad, y donde 40 por ciento de los vuelos hacen sobrepaso, no son tranquilizadoras ni facilitan el uso de las aerolíneas.

Para eso, tal vez mejor hubiera sido seguir confiando en las mulas.