Escuchar este artículo

Desoyen los ruegos

Domingo, 31 de Enero de 2021
Por un lado está el caso del Hospital Erasmo Meoz con la creciente deuda por la atención a los migrantes venezolanos, y además el asunto del cupo de la gasolina subsidiada, que indefectiblemente comienzan a mostrar impactos negativos.

¿Será que nos tenemos que resignar y dejar eso así? ¿Será que Norte de Santander ya ni rogando logrará tener una pizca de atención y un poco de solución a dos asuntos puntuales?

Por un lado está el caso del Hospital Erasmo Meoz con la creciente deuda por la atención a los migrantes venezolanos, y además el asunto del cupo de la gasolina subsidiada, que indefectiblemente comienzan a mostrar impactos negativos.

El problemático asunto del centro hospitalario cucuteño empezó a crecer desde 2016 cuando lo adeudado por el gobierno se situó en $1.248’539.680 hasta desbordarse en 2020 a los $73.400 millones por la acumulación en esos años.

No se compadece con los cucuteños que ocurra dicha situación con el Meoz, puesto que aquí, de manera estoica y sin pedir ni reclamar nada, seguimos siendo solidarios con los venezolanos que salen de su país.

Y eso ha significado que ellos busquen el hospital para la cura de sus enfermedades, la atención a las embarazadas, los controles y consultas pediátricas, exámenes médicos, cirugías y otros procedimientos.

Luego ahí deben de utilizarse insumos, personal de médicos y enfermeras, medicinas y otros  elementos que finalmente tienen un costo que genera unos gastos que van acumulándose, y al no tener el retorno de los ingresos en la misma medida, ocasionan una dificultad de carácter financiero.

No resulta de buen recibo que el Erasmo Meoz, hoy convertido prácticamente en hospital de guerra en la dura batalla contra el coronavirus, no reciba esa plata que se ha demostrado que el gobierno central le debe por la atención a los migrantes.

Sería calamitoso que en medio de la crisis pandémica y de la atención a quienes llegan desde Venezuela, la entidad cayera ‘enferma por esa deuda’.    Es justo que el giro del dinero se haga puesto que debe de haber una reciprocidad en este momento en que nos dan palmaditas y aplausos por portarnos tan bien con los hermanos venezolanos que salen en éxodo.

Y otro asunto en el que también deberíamos recibir un mejor tratamiento, es con el cupo de la gasolina subsidiada, garantizando que dure el mes completo.

Si es que de verdad el combustible se lo están llevando de contrabando para Venezuela, o  es  traficado hacia el Catatumbo como insumo para el narcotráfico, entonces surgen los interrogantes ciudadanos: ¿y dónde están la Policía Fiscal y Aduanera y el Ejército? ¿Y los operativos de control para qué han servido? ¿Y la inteligencia qué resultado ha dado para desbaratar esas organizaciones que se nutren del tráfico ilegal de gasolina?

Sería bueno que el Ministerio de Minas nos dijera de una vez por todas si la petición de elevar  hasta 12,5 millones de galones mensuales es posible o no y así los nortesantandereanos ajustarse para evitar que durante por lo menos una semana tengan que pagar casi que entre $2.000 o $2.500 más por galón, que finalmente afecta el presupuesto familiar y es un factor inflacionario que ojalá fuera medido.

Y si nos van a decir que no, que sigamos con los 10,5 millones de galones, pues entonces que las fuerzas del orden se encarguen de que tengamos derecho a ese subsidio por ser frontera y por portarnos tan bien en esta oleada migratoria.

Que la Polfa y el Ejército con sus agentes y soldados estructuren una gran operación que ayude a que el parque automotor disfrute de ese cupo, porque no se puede ‘castigar’ al ciudadano obligándolo a pagar más por la gasolina para su carro o moto por la debilidad del Estado.

Image
La opinión
La Opinión