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Dos hechos positivos

Sábado, 6 de Marzo de 2021
El convenio firmado entre los cacaoteros de esta región nortesantandereana y la empresa Nacional de Chocolates para venderle directamente diez toneladas de cacao.

Tenemos al Catatumbo con más de 40.000 hectáreas de hoja de coca cultivadas sumadas a la presencia de guerrilleros, bandas armadas y carteles mexicanos de la droga,  situación que corrobora que todo lo que se haga por quitarle espacio a la criminalidad, es la opción indicada.

Así acaba de suceder con el convenio firmado entre los cacaoteros de esta región nortesantandereana y la empresa Nacional de Chocolates para venderle directamente diez toneladas de cacao, con posibilidades de ampliar el volumen.

Alianzas como estas deberían multiplicarse, porque por un lado los campesinos catatumberos se entregan de lleno a labrar y a  hacer productivas las tierras con productos alimenticios de diversa índole sin temor a perder las cosechas porque el sector privado los incluye como sus proveedores.

De lógica que el resultado final de proyectos como el mencionado entre los cacaoteros y la citada compañía productora de chocolate, es que los cultivos ilícitos podrían pasar a  la historia o reducirse a niveles históricos, conduciendo de paso a bajar los índices de violencia e inseguridad.

En la misma región de la que hacen parte municipios como Tibú, Hacarí, El Tarra, San Calixto y Teorama, por ejemplo, se escucha decir que este es el mecanismo más fácil para transitar hacia una economía lícita, toda vez que los agricultores están comprometidos con las transformaciones de sus parcelas.

Lo decidido por Nacional de Chocolates con el Catatumbo, donde hoy se cosechan 100 toneladas anuales de cacao,  es una apuesta a la paz que debe multiplicarse entre el empresariado colombiano, que solamente con creer en la capacidad de los territorios y apoyar a los campesinos incluyéndolos como sus abastecedores, ayudará a eliminar factores de degradación social que alimentan el conflicto.

Una rica región productora como esta debe ser irrigada con créditos de fomento, tener planes de asistencia agropecuaria y la consolidación de los canales para la comercialización, con el fin de lograr el anhelado resultado de ser una  poderosa despensa.

Para que más alianzas se sigan concretando y menos coca llene los campos, es indudable que la vialidad es fundamental  para que las cosechas no se pierdan por la imposibilidad de sacarlas de las fincas.

Hablando de eso, en el Catatumbo se acaba de producir  un hecho de reconciliación y de consolidación de una conexión vial entre la vereda de Caño Indio y la carretera Tibú-La Gabarra, precisamente para romper ese cuello de botella de aislamiento que finalmente acarrea muchos problemas.

Allá, antiguos guerrilleros de las Farc que se acogieron al proceso de paz junto con soldados del Batallón de Ingenieros construyeron los 316 metros de placa huella que le dio respiro a la vereda donde funcionó el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación.

Que dos hechos positivos como estos ocurran al mismo tiempo en el Catatumbo es alentador porque muestra que cuando hay un esfuerzo conjunto para la búsqueda de objetivos comunes, los resultados son muy positivos ya que por un lado el chocolate tendrá sabor catatumbero y la región empezará a desprenderse de todos los estigmas que ha cargado a cuestas durante años, mostrando que aquí hay muchas cosas positivas y no solo coca y violencia.