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El Armagedón

Miércoles, 29 de Noviembre de 2017
Si Estados Unidos intentara destruir el sistema nuclear norcoreano, como proponen algunos, tendría que hacerlo con armamento no atómico.

Se llamó Gadget y fue el centro de atención del Proyecto Trinity, que el 16 de julio de 1945 hizo de Alamogordo (Nuevo México, sur de Estados Unidos) un sitio de pésima recordación. En realidad, el de peor recordación por la civilización…

A nueve kilómetros de distancia, varios observadores (científicos, militares, periodistas…) presenciaron la llegada del Armagedón, del terrible fin de los tiempos a través de la catástrofe. Ese día, el hombre pudo demostrar que sí, que en verdad tenía el poder suficiente para manipular y controlar a su antojo las potencialidades de la naturaleza. Pero también comenzó su perdición…

Allí, en medio de un infierno de fuego de millares de colores y un estruendo que se escuchó a 116 kilómetros, nació la era atómica. Gadget, una microbomba de plutonio, comparada con las actuales, cambió al hombre y sus guerras.

Sus 19 kilotones (equivalentes a 19 mil toneladas de trinitrotolueno o TNT) son hoy un chiste, comparados, por ejemplo, con Iván, La bomba del Zar y sus 57 megatones (un megatón equivale a 1.000 kilotones), con cuyo corazón de hidrógeno generó la misma potencia que 57 millones de toneladas de TNT.

Hoy, el chiste es La bomba del Zar, si se compara con los ingenios nucleares creados por Estados Unidos, Rusia y, sin duda China. Uno solo de ellos puede, si estalla, desatar el Armagedón, el último día, el fin de todo. No tanto por la explosión y la destrucción inmediata, sino por todas sus consecuencias. De la bomba U (de uranio) se pasó a la H (etapa en la que anda Corea del Norte), y a la N (neutrones).

Es con estos juguetes con los que estos días se divierte Kim Jong-Un, el inefable gobernante de Corea del Norte, ante la mirada preocupada del mundo y en las narices de Estados Unidos, China, Rusia, Japón y Corea del Sur, que muy poco pueden hacer para neutralizarlo.

Hoy, como nunca antes, el mundo está andando sobre el filo de una navaja tan cortante que, en caso de descuido o de error, puede hacerlo desaparecer tal como es. Si la bomba nuclear es un mecanismo que genera reacciones en cadena de átomos (uno tras otro tras otro…), el arsenal nuclear en el mundo es un sistema similar: una bomba recibe otra de respuesta, y esa, otra… Y aunque hay miles, para todos, solo unas cuantas serían suficientes.

Si Estados Unidos intentara destruir el sistema nuclear norcoreano, como proponen algunos, tendría que hacerlo con armamento no atómico, pues una sola bomba causaría una catástrofe ambiental en China, Japón y Corea del Sur, cuya capital, Seúl, está a 200 kilómetros de Pyongyang, la capital norcoreana.

Pero Kim Jong-Un podría tener oportunidad de defenderse con una bomba H ensartada en la punta de un misil intercontinental como el que probó el martes con éxito, y lanzarla, por ejemplo, a Nueva York o Washington o Los Ángeles. Por eso, el presidente Donald Trump no sabe qué camino tomar, y atina solo a rogarle a China que convenza a Corea del Norte de que no juegue con fuego.

¿Y, el resto del mundo qué puede hacer? Algunos rezarán, tal vez… Pero, además de esperar para ver qué pasará, nada más. Nada.