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El conductor elegido

Miércoles, 18 de Abril de 2018
Miguel Díaz-Canel les ganó de mano a los dinosaurios sagrados del Partido Comunista de Cuba y ahora sucede a Raúl Castro. 

No es uno de los padres de la revolución, de los que ya quedan muy pocos. Es un hijo, y es hermano del castrismo en el poder: nacieron en el mismo año, 1960. Pero Miguel Díaz-Canel les ganó de mano a los dinosaurios sagrados del Partido Comunista de Cuba, y ahora sucede a Raúl Castro en el poder. Hereda el castrismo.

La Asamblea Nacional de Cuba, reunida desde ayer, debió elegir anoche a Díaz-Canel como nuevo presidente, pero solo lo hará público hoy. Es mera casualidad que el elegido cumpla mañana 58 años.

Lo que no es casual es que se trata de un hombre del Partido Comunista, hijo ideológico de Fidel pero, sobre todo, de Raúl Castro; que es el primer civil en llegar al más alto cargo del poder cubano, y el primero en el alto gobierno que no participó en la lucha contra el dictador Fulgencio Batista que terminó en el triunfo revolucionario.

La paciencia, la lealtad indudable y la eficiencia son las tres llaves que le han abierto la puerta del poder cubano. Y aunque antes de ser primer vicepresidente solo había sido ministro de Educación, su recorrido por otras posiciones del Estado y del Partido Comunista le han valido el reconocimiento de todos.

‘El compañero Díaz-Canel no es un novato ni un improvisado’, afirmó en 2013 Raúl Castro cuando lo seleccionó como primer vicepresidente. Esa vez, Raúl Castro le dijo a Cuba que estaría en el poder hasta 2018, y todos los cubanos entendieron que estaba designando su sucesor.

La disciplina y la lealtad partidarias de Díaz-Canel lo han llevado a la cúspide a la que no pudieron arribar compañeros de generación, de partido y de gestión con mayores pergaminos y mayor trayectoria, que fueron quedando a un lado del camino en la medida en que sucumbían a los lujos del capitalismo que combatían o a la miel del poder.

Entre esos dirigentes de su generación se recuerda a los excancilleres Felipe Pérez Roque y Roberto Robaina, y al exvicepresidente Carlos Lage, destituidos cuando se desviaron el austero camino que les habían trazado sus mentores, sobrevivientes de la guerra y del comienzo de la revolución. Los dinosaurios del marxismo leninismo.

Extraña, sin embargo, que su ascenso se haya dado a pesar de ser protagonista de episodios como la defensa que hizo de El Menjunje, en su natal Santa Clara, bar que fue el epicentro del movimiento LGBT en Cuba. Para entonces era el jefe del partido en esa provincia, y defender una idea así siempre ha sido una especie de tabú entre los comunistas ortodoxos.

Pero, dicen sus defensores, Díaz-Canel no es, ni mucho menos, un ortodoxo, y quizás por eso es ahora el heredero, díscolo a la medida, que siendo el funcionario más importante en Holguín, la provincia de los Castro, andaba en bicicleta y usaba viejas camisetas con la estampa del Che Guevara, en vez de la vestimenta tradicional de los líderes civiles isleños: pantalón y guayabera de lino blanco.

Lo importante para Cuba es que Díaz-Canel es el hombre más indicado para marcar una apertura política más acertada, para abrirle paso a la pequeña y mediana empresa —un anatema hasta hoy en Cuba—, y para modernizar el país. A él se debe, en gran parte, la llegada y el uso masivo de la internet.