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Elecciones en Venezuela

Sábado, 5 de Diciembre de 2015
La democracia admite la variedad de las corrientes de opinión y el surgimiento de ideologías que se contraponen. 

Entendemos y respetamos la soberanía de las naciones, lo cual les da autonomía  para decidir su destino político  a través de mecanismos democráticos, sin interferencias extrañas. En ese ejercicio está hoy Venezuela, con la participación de los ciudadanos de esa nación, unos solidarios con el Gobierno que preside Nicolás Maduro y otros en oposición al mismo por no compartir sus orientaciones en muchas de las directrices de tal mandato.

Sin que se quiera intervenir en el fuero soberano de los venezolanos, la comunidad internacional está atenta a los desarrollos de las elecciones de este domingo en el vecino país. Es un interés inherente a la globalización del mundo, y porque de todas maneras, no es posible darle la espalda a los procesos que en cualquier nación están articulados a las corrientes de su economía y a los efectos que resultan del funcionamiento de su sistema político.

Colombia, en particular, no puede hacer abstracción de lo que ocurra en Venezuela. Son dos países con vínculos históricos, unidos por la geografía: están en el mismo entorno y recíprocamente sienten cuanto sucede a uno y otro lado. Por eso la razón para no perder de vista las elecciones legislativas de este domingo, respecto de las cuales el interés que nos anima es que el de que correspondan a la voluntad del  pueblo que vota. Y para que esos resultados no pierdan legitimidad tienen que darse en condiciones de transparencia. Así se evitarán reacciones de desconocimiento.

Lo que se desea también es que Venezuela supere los problemas que se le han acumulado por diferentes factores. En la medida que mitigue los hechos negativos podrá dejar atrás situaciones azarosas y dedicarse a satisfacer las necesidades de los diferentes sectores nacionales.

En la medida que cedan las presiones negativas en el vecino país, podrían surgir nuevas aproximaciones hacia Colombia en beneficio de la integración binacional y de otras causas comunes llamadas a tener resultados favorables para las dos naciones.

Deseamos que Venezuela sea políticamente un país incluido en el engranaje de la democracia en América Latina. Conviene a su fortalecimiento institucional porque jalona soluciones para problemas crónicos tanto de su pueblo como del resto de la región continental.

La democracia admite la variedad de las corrientes de opinión y el surgimiento de ideologías que se contraponen. Es el predominio de la tolerancia. Que debe garantizar a la vez la libre discusión de los asuntos públicos, sin caer en dogmatismos ni reproches que generen violencia o confrontaciones de fuerza. Abolidas las dictaduras, Venezuela ya tiene madurez para adelantar sus procesos electorales y el  de este domingo tiene que ser ejemplo de respeto a la libertad en la escogencia de quienes harán parte del poder legislativo. Es lo que se espera. Y tanto el Gobierno como la oposición tienen la responsabilidad de contribuir a que así sea.