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¿Entonces quién roba?

Viernes, 9 de Marzo de 2018
No hay un solo candidato al Congreso o un aspirante a la presidencia de la República que defienda la corrupción.

Todos los candidatos políticos hablan a nombre de sus partidos y movimientos, antes que a nombre propio. Es lo lógico, y es lo que ocurre en la actual campaña, en la que la coincidencia de temas importantes no marca exclusión alguna.

Todos tienen en mente los mismos temas, y coinciden en la necesidad urgente de enfrentar los problemas y darles soluciones definitivas. No hay nada nuevo; nada que no obedezca a la lógica del activismo y de la práctica de la política.

No hay margen de error: no hay un solo candidato al Congreso o un aspirante a la presidencia de la República que defienda la corrupción. Sería aberrante hacerlo. Según lo pregonan, sin excepción, todos están dispuestos a adoptar las medidas que sean necesarias para combatir ese monstruo y aniquilarlo.

Y consideran todos que los corruptos deben ser borrados de la faz de la tierra.

Nada más loable que un trabajo político que pretenda limpiar de corruptos no solo a la administración pública, donde anidan muchos, sino al país en general, y de esa manera garantizar que todos los recursos del Estado se podrán destinar a generar bienestar para todos. No solo para los que les roban a los ciudadanos 50 billones de pesos cada año.

No es momento de preguntar qué se puede hacer con tamaño dineral; tampoco, de afirmar que de cada 100 pesos que recibe el Estado, 22 se lo llevan los corruptos; mucho menos, de exigir que haya sanciones más drásticas para quienes dejan a los niños sin la alimentación escolar y a los viejos sin el subsidio y a todos sin carreteras y sin obras de todo tipo y sin mejores escuelas.

La pregunta válida estos días de rechazo generalizado, al menos desde lo alto de las tarimas del proselitismo político, tiene que ver con asuntos de hipocresía y de doble moral de quienes dicen tener dispuestos sus arsenales para cazar corruptos; al fin y al cabo, lo dicen como método para captar votos. Y eso es lícito y está bien.

Pero todos deben responder, si quieren al unísono, una cuestión elemental: si todos los aspirantes a cargos públicos, a nombre de todos los partidos, se desgañitan lanzando amenazas contra los corruptos y gritando consignas contra la corrupción, causa de todos los males, si todos dicen odiar a quienes desfondan el erario, entonces ¿quiénes son los corruptos que han desangrado a este país desde hace décadas? ¿A qué partidos pertenecen? ¿Quiénes son, entonces, los que cada año se llevan a sus bancos la monstruosa cifra de 50 billones de pesos?

Porque, hasta donde se sabe, con muy pocas excepciones, todos los partidos y movimientos que están en la campaña actual tienen representantes en la burocracia, y algunos incluso tienen a destacados líderes en la cárcel, por corruptos y ladrones.

Aún hay tiempo para un acto de sinceramiento de todos los candidatos, para que admitan que gente de sus partidos es la que ha estado robando, unos más, otros menos, pero todos solapando una situación criminal a la que hoy, de dientes para afuera, todos dicen que desterrarán. 

Mientras no haya sinceramiento, las promesas de los discursos no dejarán de ser una sucesión de palabras vacías, entelequias absurdas destinadas a no ser jamás una realidad. Vanas, como casi todas las promesas de campaña.

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