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Escolares venezolanos

Martes, 28 de Noviembre de 2017
Por mandato del gobierno Nacional, esos niños serán recibidos y vinculados al sistema educativo.

Siempre ha habido estudiantes venezolanos en Norte de Santander. Calidad y cercanía a Venezuela eran dos atractivos para que estudiantes de bachillerato del vecino país cruzaran la frontera y se ubicaran en Cúcuta, Pamplona u Ocaña.

Esa presencia fue disminuyendo en la medida en que el Estado venezolano les pudo ofrecer a sus niños y jóvenes otras posibilidades para estudiar y entidades como la Fundación Gran Mariscal de Ayacucho echaron mano de los millones que ingresaban por petróleo, para enviar a la muchachada a Europa o Estados Unidos.

Ahora, la búsqueda de cupos en las escuelas públicas y privadas de Cúcuta es un fenómeno creciente, tanto, que para el próximo año lectivo en esta ciudad ya hay dos mil solicitudes de cupo para primaria oficial. Esto significa un aumento de ciento por ciento respecto del año que está terminando.

Por mandato del gobierno Nacional, esos niños serán recibidos y vinculados al sistema educativo, con todos los derechos y deberes de los demás, por razón de que la educación es obligatoria, por decisión constitucional.

Salvo algunos problemas relacionados con exigencias desacostumbradas en Colombia por parte de algunos papás, que han generado algún desagrado docente, la presencia de niños venezolanos en las escuelas ha transcurrido con normalidad.

Los costos de esos niños para el erario —casi 2 millones de pesos anuales— los asume el Estado colombiano, como está asumiendo los que generan millares de enfermos que incluso han llegado a colapsar los servicios de algunos hospitales.


La mayoría de esos niños tienen servicio de transporte colombiano, desde su país hasta la escuela, y recibe la alimentación escolar de los demás. Hasta ahí, no hay mayores inconvenientes, exceptuando algunas actitudes de acoso por razón de su nacionalidad, por parte de otros niños. Al fin y al cabo, la presencia es mínima, por cuanto esos niños venezolanos estudian en la escuela que les ofrezca mejores posibilidades.

Sin embargo, los gobiernos regional y local podrían concentrar a todos esos niños extranjeros en una sola escuela, donde incluso podrían seguir recibiendo la educación de acuerdo con el plan oficial venezolano. Incluso, se podría pensar en contratar temporalmente maestros venezolanos.

Hay que tener en cuenta que esos niños regresarán mañana a su país, y que en ese sentido lo mejor para todos es que en sus primeros años hayan recibido la instrucción que reciben todos los demás venezolanos. Su reinserción al sistema en el país vecino sería menos traumática.

El desarraigo al que están siendo sometidos, por razón de las circunstancias de Venezuela, sería mucho menor, y las consecuencias, más fáciles de enfrentar.

Es muy importante brindarles todas las posibilidades de que se sientan tan cómodos como en su país, y mejor, si fuera el caso. Ellos son quienes menos tienen la culpa de la situación de su país. Son solo víctimas de la política.

Además, el solo hecho de que prefieran nuestras escuelas a las suyas, es un gesto gallardo que merece ser compensado con una mejor atención para solucionar sus necesidades, además que permite que esos niños crezcan con un sentido más acentuado de lo que significa la vecindad, y con un espíritu más abierto que el de sus padres y gobernantes hacia Colombia. Bienvenidos, niños.