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Esto no debe volver a pasar

Sábado, 25 de Junio de 2022
“¿Por qué se ensañaron tanto con mi familia?”, fue la pregunta que la hija de un comerciante les hizo a los excomandantes, puesto que su caso tiene ribetes de drama, dolor y muerte.

La audiencia en la Jurisdicción Especial para la Paz sobre el caso de los secuestros de las Farc, ratifica el hecho de que nada de eso debería de volver a suceder en la sociedad colombiana y nortesantandereana, que por estos días de nuevo está notando oleadas  de plagios en el Catatumbo y secuestros exprés en la región.

Ya escuchamos a los victimarios del antiguo secretariado de la guerrilla que se desmovilizó, admitiendo toda esa clase de hechos de lesa humanidad, y que ellos recordaron hasta en medio del llanto, pero las lágrimas y el dolor sigue del lado de muchas víctimas que siguen sin cerrar esas heridas.

Esto es histórico en nuestro país que en un tribunal de justicia transicional se sienten cara a cara los victimarios y las personas a las que se les provocaron daño, pero todavía siguen latentes los pedidos de que haya real reparación y que esto se salde con un real cumplimiento de los acuerdos y hasta con una sanción que envíe el mensaje de que  no hay impunidad.

“¿Por qué se ensañaron tanto con mi familia?”, fue la pregunta que la hija de un comerciante les hizo a los excomandantes, puesto que su caso tiene ribetes de drama, dolor  y muerte.

Durante 16 meses el empresario fue mantenido en cautiverio, ese hecho lo llevó a la quiebra. En las montañas le hicieron creer que sus hijos lo habían olvidado. Luego lo dejaron libre, pero tiempo después las secuestradas fueron sus hijas. Pero como él denunció, la muerte lo alcanzó por las balas de un sicario.

Otro relato que retumbó en la reunión celebrada en la JEP, correspondió al de la retención ilegal de una pareja de 68 años. Ellos cayeron en una de esas famosas ‘pescas milagrosas’ cerca de Bogotá mientras dejaban estacionado su vehículo en un municipio aledaño.

El grupo perteneciente a la Farc se lo llevó a los esposos que tenían un taller de confecciones, obligándolos a hacer una caminata de por lo menos 120 kilómetros en una zona montañosa.

Después del acuerdo de paz, los hijos caminaron la misma escarpada ruta junto a exguerrilleros que participan en la búsqueda de los restos de sus víctimas como gesto de reparación. Encontraron los restos de Carmen (la madre), pero mientras estaban en su búsqueda Héctor sufrió una fuerte caída que le provocó un tumor cerebral. El cuerpo de Gerardo (su padre) aún no aparece.

Hoy, 22 años después de ese hecho, los hijos oyeron decir esto: “fuimos nosotros como extinta organización guerrillera, quienes los tuvimos cautivos, quienes los forzamos a caminar, quienes los asesinamos y desaparecimos”, como lo afirmó Jaime Alberto Parra, conocido como el médico de las Farc.

Y otro emblema del sufrimiento padecido en las ‘cárceles’ que se montaron en las selvas y que eran manejadas por el Mono Jojoy, fue el de un miembro de la Policía Nacional que estuvo en uno de esos campamentos de prisioneros durante trece años. Él llegó a la audiencia de la JEP con las cadenas que los guerrilleros de las Farc lo mantuvieron en cautiverio durante todo ese tiempo.

Son cuadros del conflicto que esa organización armada ilegal mantuvo contra el Estado y la sociedad civil y que deben de servir de argumento contundente para no repetir dicha historia y como objetivo conducente a sentar de manera urgente al Eln en la mesa de negociaciones y a buscar salidas jurídicas para el desarme y sometimiento a la justicia de las bandas criminales.

Allá se supo que Orlando Alberto Toledo Lugo, un ingeniero forestal secuestrado el 26 de julio de 2005 en Convención, quien figura como desaparecido, fue asesinado porque intentó escapársele a las Farc, según confesión de Rodrigo Londoño, máximo jefe de esa organización.

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