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Europa, la mediadora

Viernes, 17 de Mayo de 2019
Lo importante es que haya solución para la debacle humanitaria, que tiene a cerca de 4 millones de venezolanos fuera de sus fronteras.

Son bien distintas, las maneras de solucionar crisis internacionales las que ponen en práctica las potencias europeas, por una parte, y Estados Unidos, por la otra. Allí, la negociación política y el diálogo franco se privilegian, en vez de acudir a actitudes como la injerencia y la intervención directa, incluso militar.

Por eso, el mundo confía que la descomunal crisis humanitaria de Venezuela encuentre pronta solución, como resultado de la mediación decidida de un llamado Grupo de Contacto Internacional (Gci), que ya se reunió con el presidente titular, Nicolás Maduro, y el interino, Juan Guaidó, en busca de acercamiento definitivo y de solución inmediata y duradera.

Muy posiblemente habrá una negociación, porque Europa interviene solo si encuentra un clima de distensión y de allanamiento de posiciones, y será muy delicada. La lideran por Europa Francia, Alemania, Italia, Holanda, Portugal, España, Suecia y Reino Unido, y por América, Costa Rica, Uruguay, Ecuador y Bolivia.

De las dos reuniones iníciales, incluida la negada por Guaidó, se conocieron los detalles tratados en la primera, con Maduro, según lo reveló él mismo: “Les expresé (a los miembros del Gci) mi disposición de resolver las diferencias internas por la vía del diálogo y conversamos sobre las agresiones económicas del imperio de EE.UU. en contra de nuestro pueblo”.

Ante la evidencia, Guaidó debió aceptar que sí estaba participando, y explicó que él y sus delegados “reiteramos que cualquier iniciativa de mediación debe pasar por el cese de la usurpación, el gobierno de transición y las elecciones libres”. Fue esta, una de las pocas veces, desde que se autoproclamó presidente, en que habla de elecciones, algo que Guaidó había olvidado durante estos meses.

Las eventuales negociaciones serán bastante difíciles, por la gran distancia entre las aspiraciones de Maduro y de Guaidó, pero, precisamente, Europa siempre ha participado en este tipo de negociaciones en las que parece imposible encontrar un acuerdo.

Ni Estados Unidos ni Colombia pueden participar, por la beligerancia de su papel en las últimas semanas, de abierta e insistente hostilidad contra Maduro y su Gobierno, y de apoyo decidido y también franco en favor de Guaidó.

Desde luego, lo importante es que ya hubo un acercamiento a través de los países mediadores, y que en las dos partes hay disposición a llegar a acuerdos, así al comienzo parezca que defienden posiciones irreconciliables: al fin y al cabo, así lo determinan los cánones de la negociación.

Lo importante es que haya solución para la debacle humanitaria, que tiene a cerca de 4 millones de venezolanos fuera de sus fronteras, en condiciones que no se compadecen de la dignidad del ser humano y de la historia y trayectoria de las gentes del vecino país.

Y que las relaciones de siglos entre los dos países se reanuden, pues en las condiciones fronterizas actuales, ambos pierden.

Ojalá esta intervención del Gci se oriente hacia la búsqueda de soluciones que dejen satisfechas a las partes en conflicto, pues sería pírrico el triunfo de una cualquiera de ellas, si hay descontento en las demás, y sería como volver a comenzar.