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Gracias, Maduro

Martes, 2 de Octubre de 2018
Como no está llegando la gasolina que se acostumbraba, el contrabando hacia Colombia prácticamente se redujo a nada.

Es inocultable: la compleja y prolongada situación económica de Venezuela, que ha llevado a una restricción severa en la distribución de gasolina, ha generado efectos positivos en Colombia en un sector en el que por muy largos años se creyó que no ocurrirían.

Como no están llegando al Táchira ni a otros estados fronterizos los mares de gasolina gratuita que se acostumbraban, el contrabando de combustibles hacia Colombia prácticamente se redujo a nada.

Durante septiembre, las gasolineras colombianas de Norte de Santander vendieron 21 por ciento más de lo que vendieron en agosto, como consecuencia de que quienes llenaban el tanque de su carro con las pimpinas del contrabando, ya no pueden hacerlo. O no han podido hacerlo, al menos por ahora.

En comparación con el año pasado, el incremento de combustibles legales es de 42 por ciento, lo que muestra con claridad la magnitud del problema creado por el paso ilegal de combustibles desde Venezuela, y la multimillonaria utilidad de los contrabandistas, teniendo en cuenta que en Venezuela siempre la gasolina ha sido prácticamente gratuita.

Los contrabandistas, una poderosa mafia binacional con presencia de altos funcionarios del Estado venezolano, especialmente militares, por estos días deben estar de duelo profundo, pues el dinero, que en realidad es su razón para existir, no les está llegando. Y ojalá dejara de llegarles siempre.

Por esta razón del mayor consumo, el panorama en la ciudad ha cambiado. Hay largas colas ante las gasolineras, como recién cerraron la frontera, pero esas colas tienen estos días una particularidad: la nutrida presencia de taxis y motos, que históricamente nunca usaban gasolina legal.

Para los taxistas era más fácil comprar pimpinas ilegales, sin reflexionar en el hecho de que al hacerlo corrían el riesgo de ser detenidos y el vehículo sometido a un proceso de extinción de dominio, como ocurre con muchos bienes destinados a la comisión de delitos.

El comercio legal de combustibles produce efectos que no les importan para nada ni a los taxistas ni a los motociclistas ni a los pimpineros: robustecen todo lo relacionado con la economía local, que podrá disponer de esa manera de más y mejores posibilidades de empleo que, a su vez, generan un mayor consumo, y se beneficia así todo el mundo.

Por estas razones, hay que agradecer al presidente Maduro, y de paso pedirle que con la carne y otros productos que siguen pasando de contrabando hacia este lado de la frontera, adopte medidas que impidan definitivamente el comercio ilegal.

La experiencia que se está viviendo, no solo en Cúcuta sino en la frontera, no solo permite establecer que todo el mundo puede sobrevivir sin el contrabando, sino que contribuye a que la región mejore la imagen que proyecta al resto del país, y que no es buena.

Desde luego, esta situación podría no ser permanente, si el combustible otra vez llega a raudales a los estados fronterizos y en condiciones que permitan a las mafias obtener combustibles casi regalados y venderlos en Colombia a precio de oro.