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Hablemos de Venezuela

Sábado, 14 de Septiembre de 2019
Juan Guaidó y Nicolás Maduro han dado de qué hablar en estos días, y no precisamente por procurarles soluciones al pueblo venezolano.

Juan Guaidó y Nicolás Maduro han dado de qué hablar en estos días, y no precisamente por procurarles soluciones al pueblo venezolano. El líder opositor quedó en el centro del debate a raíz de las fotos en que aparece con dos cabecillas de la banda criminal Los Rastrojos, mientras Maduro armó sus ‘juegos de guerra’ en la frontera que llevaron a que se desempolvara en la región un antiguo elemento de la Guerra Fría, conocido como el TIAR.

“No tuve conciencia de esas dos fotos en particular. De camino fueron cientos de fotos y cuando llegamos al concierto fueron miles, es difícil discriminar quién pide una foto”, expuso Guaidó, a quien el presidente Iván Duque llamó héroe de la democracia. Y aunque se le ha tratado de quitar trascendencia a este episodio, lo cierto es que la filtración del material fotográfico llevó a Colombia a aclarar que el Gobierno no participó ni tuvo ningún rol en el paso de Guaidó por las trochas, el 22 de febrero, día del concierto.

De todas maneras, queda en el ambiente la percepción de los famosos territorios ‘sin dios ni ley’ en nuestro territorio, en donde hacen presencia a sus anchas organizaciones criminales. Esta es una lectura que cualquier observador desprevenido puede tener del lugar por donde entró a Colombia el diputado opositor venezolano.

Ahí les queda a la justicia y a las autoridades policiacas, militares y administrativas la misión de probar lo contrario o de empezar a trabajar, ahora sí, para que la institucionalidad cubra a todo el territorio.

Y Guaidó también debería profundizar sus explicaciones para despejar de una vez por todas la manera en que se cumplió la operación para salir de su país y entrar a territorio colombiano, por aquel camino verde, demostrando que no lo hizo con la ayuda de organizaciones al margen de la ley, pues la sindéresis debe primar en alguien que se muestra como adalid en la lucha contra la dictadura madurista.

Y al calor de esas fotos hay otra situación muy semejante a las abrasadoras temperaturas que por estos días soporta la frontera, como son los ejercicios militares del ejército venezolano, que se quiera o no, constituyen un escalamiento en las rotas relaciones con el vecino venido a menos en materia económica y social, y generador de la más grande oleada migratoria de la historia.

Colombia, Estados Unidos y otros países de la OEA invocaron el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), mediante el cual los cancilleres pueden tomar medidas que van desde la ruptura de las relaciones diplomáticas hasta el empleo de la fuerza armada contra Venezuela.

Como se ve, la situación no pinta bien. El belicismo pareciera estar ganando terreno. El diálogo y la búsqueda de salidas concertadas deberían ser la vía correcta, porque como siempre hemos insistido, un enfrentamiento armado entre ambos países solo causará más daño y profundizará heridas que incluso pudieran llegar a comprometer la estabilidad de la región y generar hechos perturbadores en la paz mundial.

Ni somos Abel ni tampoco Caín. Solamente somos hermanos que por siempre debemos compartir. Colombia y Venezuela son más que una lucha de ideologías o de pareceres políticos y como tal, fortalecer su hermandad en medio de los abismos que los separan en diversas materias.