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Hacia la quiebra total

Domingo, 17 de Mayo de 2020
Hasta abril pasado, los Departamentos tuvieron ingresos del orden de los 352.894 millones de pesos, mientras que en el mismo mes de 2019 habían registrado casi el doble de esa cifra, 642.611 millones de pesos.  

Los estragos del coronavirus siguen siendo devastadores aquí y en el resto del planeta. Casi nada nos está quedando a salvo al paso arrasador de la pandemia. Nos está arruinando todo y a todos, además del inmenso saldo de víctimas y sufrimientos.

La pandemia dejó al desnudo la fragilidad, las falencias y las distorsiones perversas del sistema de salud en Colombia. El impacto de este desastre lo sentimos dolorosamente en todos los departamentos y regiones. 

Cada día asistimos conmovidos e impotentes al creciente contagio de nuestros médicos y de los trabajadores de la salud. 

Ahora nos llegan los datos e informes de la Federación de Departamentos que no pueden ser más preocupantes: nuestros entes territoriales registran a la fecha la pérdida irreparable del 45% de sus ingresos corrientes por culpa de la pandemia. Como la actividad es casi nula, los departamentos y municipios no tienen nada que recaudar o cobrar.

Hasta abril pasado, los Departamentos tuvieron ingresos del orden de los 352.894 millones de pesos, mientras que en el mismo mes de 2019 habían registrado casi el doble de esa cifra, 642.611 millones de pesos. Sólo cuatro departamentos lograron hasta ahora pasar la dura prueba de la mortal caída de sus ingresos por culpa de la pandemia: Casanare, Valle, Sucre y Bolívar. Norte de Santander se encuentra entre las diez regiones del país con mayores efectos negativos en la drástica reducción de sus ingresos.

Según la Federación, el impacto en las rentas territoriales se seguirá agudizando, debido a la baja de los ingresos de la población por la falta de trabajo y por la menor actividad productiva: cierre de establecimientos, hoteles, bares y restaurantes; parálisis del comercio, reducción de la contratación territorial, etc. Si en la zona de frontera hemos venido padeciendo en las dos últimas décadas los rigores de una tremenda y despiadada crisis económica, social y humanitaria, agravada con el fenómeno incontrolable de la migración venezolana, ya podemos imaginar la calamitosa situación en que nos encontramos y las angustias y frustraciones  que seguramente sobrevendrán.

Es hora de que el gobierno nacional y las autoridades regionales inicien la búsqueda de correctivos y soluciones, pues la situación no da espera. 

Como lo hemos señalado en otras ocasiones, Cúcuta y Norte de Santander no aguantan un problema más. Algunos expertos estiman que la región podría ser declarada en cesación de pagos como ha ocurrido a las economías peor manejadas del mundo. Todo indica que la quiebra de los Departamentos es inminente y es necesario hacer todos los esfuerzos para evitar que esto ocurra. 

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