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Viernes, 16 de Junio de 2017
En asuntos de moral, Estados Unidos y sus funcionarios tienen muchísimo más que aprender que los colombianos.

Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Erradicar los cocales colombianos no significa que se tenga que hacer mediante la fumigación aérea de glifosato, como si se tratara de una de las armas químicas con las que, de manera disfrazada, Estados Unidos ha peleado sus más recientes guerras.

Durante la visita del presidente Juan Manuel Santos a Washington llegó a un acuerdo con Donald Trump para erradicar, de manera conjunta, los cocales, en torno de los cuales hay discusiones basadas en cifras consideradas oficiales por las dos partes: Estados Unidos y su secretario de Estado, Rex Tillerson, hablan de 188 mil hectáreas, en tanto Colombia, con datos de Naciones Unidas, habla de menos de 100 mil. Una enormidad, de todos modos.

Pero, mientras Tillerson insta a que se haga mediante aspersión (en realidad quiere decir fumigación aérea) con glifosato, Colombia se niega a hacerlo de esa manera, porque decisiones la Corte Constitucional y el Consejo de Estado, basados en consideraciones  conservacionistas hacen inviable ese tipo de actividades. Y punto.

Además, Santos determinó no volver a usar este químico, pues estudios serios de la Organización Mundial de la Salud (OMS) señalaron su potencial cancerígeno.

Lo que realmente importa es el resultado: si mediante los programas de sustitución de cultivos, la erradicación manual y otros sistema, se logran resultados positivos, ¿por qué y para qué insistir en la fumigación, incluso después de que Monsanto (ahora de Bayer) fue declarado por un tribunal popular internacional en La Haya culpable de ecocidio y violación al derecho a un ambiente sano y equilibrado, por razón de su glifosato?

Hay, desde luego, intereses políticos muy fuertes, que se relacionan con sectores de la oposición al gobierno de Santos con entronques republicanos en el gobierno de Estados Unidos, como el congresista de Florida y de origen cubano Marco Rubio y el liderazgo del Centro Democrático.

Llama la atención la doble moral de Rubio en relación con el asunto de los cocales y su insistencia en que la aspersión se haga con urgencia.

Cita como escandalosas las cifras de hectáreas cultivadas, pero no se plantea una reflexión elemental: si los cultivos aumentan, es porque el consumo lo determina. Y el consumo está en su país, y con mayor énfasis en su turístico estado. En Miami hay miles y miles de consumidores de cocaína, sobre los que el congresista guarda silencio.

Según la OMS, 16 por ciento de los estadounidenses (son 310 millones) ha usado cocaína alguna vez en su vida.

Así, sería oportuno que respondiera por qué Colombia debe asolar su territorio con los químicos que produce Estados Unidos, pero ese país no invierte un centavo en programas para reducir el consumo.

Si los cultivos en Colombia han aumentado de forma ‘increíble’ como lo consideran Tillerson y Rubio, es porque el consumo en Estados Unidos ha crecido también de manera increíble. Que allá no se agachen ante la realidad y ante su responsabilidad, y que tampoco pretendan darnos lecciones que ellos jamás han aprobado.

En asuntos de moral, Estados Unidos y sus funcionarios tienen muchísimo más que aprender que los colombianos, al menos en lo relativo a pelear contra las drogas que ellos ingieren y se inyectan y por las que siempre están dispuestos a pagar lo que les pidan.