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La convivencia en Cúcuta

Lunes, 30 de Septiembre de 2019
Invadir el espacio público, consumir drogas en parques, irrespetar a la autoridad, portar armas y riñas, las faltas.

Cinco faltas tienen alterada la convivencia en Cúcuta de acuerdo con un informe periodístico publicado por La Opinión en la edición dominical, relacionado con los dos años de aplicación del Código de Policía, tiempo en el cual se han aplicado 18.851 comparendos por diversos hechos que  alteran la tranquilidad ciudadana.

Invadir el espacio público para usufructo particular, consumir y fabricar sustancias sicoactivas en parques y zonas de recreación, irrespetar a la autoridad, portar armas de fuego o cuchillos, y trenzarse en riñas con el vecino, forman el listado de esos comportamientos que van en contra de la convivencia y generan graves factores de inseguridad.

Exceptuando la primera, que será considerada en una nota aparte, las otras cuatro por su incidencia nos muestran como la ciudad necesita con urgencia políticas públicas para darle un manejo no solamente policivo sino médico y preventivo al consumo de drogas, porque quitarle la dosis mínima al drogadicto o llevarlo arrestado solo significa un empeoramiento del problema.

Ellos vuelven a buscar la sustancia (marihuana, basuco o heroína-en el peor de los casos-) y regresan a los parques afectando lógicamente a los niños que van allí a recrearse. ¿Por qué no pensarse en centros de atención para  los adictos manejados por el municipio o el departamento?

Ahí es indispensable conciliar entre quienes plantean mano férrea y aquellos que proponen la aplicación de la ley en perfecta concordancia con la prevención y el tratamiento médico-sicológico a quienes a quienes están sumidos en el mundo de la drogadicción. El debate debe darse, dejando de lado las posiciones extremas, porque lamentablemente, como lo vemos a diario, el problema empeora.

¿Qué hacer con el irrespeto a la autoridad?  Ahí también se requieren acciones de doble vía. Por un lado, sería interesante que en las escuelas y colegios de Cúcuta, tanto públicos como privados, se incluyera una asignatura que mezclara la educación cívica y la urbanidad, porque la semilla de ese respeto a la institucionalidad y a sus representantes hay que hacerla germinar inicialmente desde el hogar y luego desde las aulas de clase, para que a futuro hechos como los que hoy vemos no se repitan.

¿Sí, pero hoy los que irrespetan a la autoridad no son los niños sino los adultos? En este aspecto las salidas que podrían estar en lanzar una gran cruzada para empoderar la imagen del policía como el amigo, el representante de la autoridad en la cuadra, el sector y la comuna que le brinda apoyo y seguridad a los vecinos. Y, en los barrios, lo ideal sería activar una campaña con las juntas comunales y las juntas administradoras locales para que igual que a los niños en el colegio, a los residentes se inculque la cívica y la urbanidad. Esto incluso podría ayudar contra las riñas.

Parafraseando a algunos expertos, en Cúcuta es fundamental la formación en valores como la solidaridad y la tolerancia que nos permitan ser incluyentes en las decisiones cotidianas.

El otro factor que sí es muy perturbador, como el de personas armadas en las calles, sí requiere de evaluaciones y tratamientos a la luz de la ley pero también la del mismo comportamiento ciudadano, y frente a un hecho, que lamentablemente, se ha vuelto caballito electorero, el combate  de la inseguridad. Aquí es urgente la combinación de estrategias que no dan más espera.