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Vía a la mediocridad

Miércoles, 22 de Febrero de 2017
Está bien que Colciencias mantenga estándares muy altos para aprobar los proyectos científicos de las regiones.

En muchos aspectos, el mundo hoy es competencia, estemos de acuerdo o no, es todos contra todos, y para ello no parecen existir reglas diferentes de las de la guerra: el competidor mejor dotado es el candidato a ganar, y de ordinario gana.

Esto podría determinar la muerte de la mediocridad. Ojalá fuera así.

Pero, hasta en este aspecto, estamos lejos de la realidad, al margen de todas las posibilidades de avanzar, sumidos en un conformismo que a nada bueno lleva, mientras la brecha que nos separa de los países desarrollados se hace abismal, en tanto crece nuestra dependencia en investigación y logros científicos y tecnológicos.

Hace poco, el gobernador, William Villamizar, mostraba de alguna manera su complacencia de que 120 mil millones de pesos del fondo de Ciencia, Tecnología e Innovación se destinara, mejor, a financiar algunos trabajos en la red vial terciaria, en actitud que podría llevar al escándalo en cualquiera de los países definitivamente dedicados a la investigación científica.

Desde luego, el mandatario tiene razón: si hay un dinero que no se utiliza, por la razón que sea, lo mejor es sacarle provecho en cosas más prosaicas que la ciencia, la tecnología y la innovación.

Pero, a la vez, se quejaba de que ‘es imposible que el nivel de Colciencias sea tan alto en materia de sus exigencias, que termine impidiendo que los proyectos de investigación de la región pasen’. Colciencias es el organismo encargado de aprobar los proyectos de investigación de las regiones en ciencia, tecnología e innovación.

Está bien que Colciencias mantenga estándares muy altos para aprobar los proyectos científicos de las regiones. Es la única manera de garantizar que el nivel de investigación será riguroso, como lo exige la realidad. Relajar los estándares no lleva a nada diferente de lograr que los investigadores redescubran el agua tibia.

La razón de que no haya propuestas del nivel requerido, tiene que ver con la ineficiencia de los gobiernos Nacional y regionales, que tienen a las universidades, por ejemplo, como fortines burocráticos, antes que como centros de investigación.

Sólo hace una semana que la Universidad Francisco de Paula Santander les entregó a sus maestros y estudiantes un centro de investigación. Pero, ¿tendrá los equipos y el instrumental que se requiere? No, desde luego, porque cuestan mucho dinero, y en esa materia, en las universidades del Estado priman otros intereses.

Así, ¿cómo pretender que los grupos de investigación formulen propuestas que sean aceptadas por Colciencias, si, como el caso citado, solo 55 años después de estar funcionando se acordaron de hacer algo por la investigación?

No se le pueden pedir peras al olmo, enseña un texto.

Pero en el gobierno pueden estar seguros de que, sin recursos, no habrá ni investigadores ni investigaciones, y Colciencias seguirá vetando proyectos e ideas, para beneficio de las carreteras, quizás.