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La norma y la Policía

Sábado, 29 de Octubre de 2016
No es del todo cierto, como dicen los corrillos, que estos policías sancionan a las damas por manejar con chanclas o con tacones.

Los delincuentes detestan a la Policía, por razones obvias. Es algo que no debería ocurrir con el resto de ciudadanos... a menos que no entre ellos haya algunos que no estén acostumbrados a cumplir todas las normas legales.

Sin rodeos, es lo que sucede en Cúcuta con muchos vecinos, acostumbrados a actuar según su voluntad, con el argumento de que así se han hecho siempre las cosas acá.

Y esa manera de pensar, esa cultura de la ilegalidad, ese pretender eludir el cumplimiento de las normas, tendrá que llegar a su fin. Y para eso, precisamente, está en parte de la Policía.

Lo anterior viene al caso con ocasión del Grupo Élite de Policía de Tránsito, que hace algunas semanas estuvo en boca de todos los cucuteños que tienen vehículos automotores para transportarse, por razón del rigor con que estos fuereños estuvieron sancionando a los malos conductores.

Porque nadie que estuviera cumpliendo a cabalidad con las normas de tránsito fue sancionado. Solo los malos.

Ahora, de nuevo, estos policías estrictos, insobornables, están en las calles de la ciudad, terminando su tarea de educar a los conductores para que entiendan que las normas legales no son capricho de algunos para amargarles la vida a los conductores, sino medidas de seguridad que salvan vidas. Porque el objetivo de las normas de tránsito es salvar vidas.

Y mientras Cúcuta siga figurando en las estadísticas como una de las ciudades con mayores índices de accidentalidad, el Estado debe hacer lo posible por reducirlos. Y ese grupo de élite es un medio eficaz.

No es del todo cierto, como dicen los corrillos, que estos policías sancionan a las damas por manejar con chanclas o con tacones. Sí lo hacen, pero con las motociclistas, porque en el mundo entero ese tipo de calzado está proscrito para ellas, por los altísimos niveles de riesgo que corren.

Es fácil establecer si esos policías son, por ahora, necesarios en Cúcuta. Basta con responder un sencillo cuestionario, y si al menos hay una respuesta positiva, entonces se justifica su presencia.

¿Ha visto al menos un auto estacionado sobre un andén, una zona verde, un espacio destinado al peatón, en una vía arteria, una autopista, sobre una zona de seguridad o dentro de un cruce, en un puente, un viaducto, un paso bajo, una zona exclusiva de buses, sobre las ciclorrutas o las ciclovías, a más de 30 centímetros de la acera o en doble y hasta triple fila, frente a un hidrante de bomberos o una entrada de garaje o una rampa para discapacitados, o en una curva..?

O, tal vez, ¿ha visto a algún motociclista transportando a un niño menor de 14 años en una motocicleta, y por la acera o en contravía, o sin casco, o haciendo malabares y cruzando de manera abusiva de un carril a otro de la vía?

¿O a algún ocupante de un automóvil sin el cinturón de seguridad, o sin parar en las esquinas, o andando por un tercer carril que en realidad no existe, pero él lo crea a la fuerza, o sin luces reglamentarias o con los vidrios ahumados o pitándoles hasta a las mariposas?

Nada qué hacer, ¿cierto? Bienvenidos, entonces, estos policías.