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La ONU y la paz

Viernes, 14 de Enero de 2022
Norte de Santander y Arauca aparecen en este momento como las regiones más golpeadas en Colombia.

Norte de Santander y Arauca aparecen en este momento como las regiones más golpeadas en Colombia por el incesante conflicto armado ante la cruda arremetida de las disidencias de las Farc y de la guerrilla del Eln, que tienen en la frontera una fuerte presencia por ser un territorio expedito para sus acciones.

Coincidente con esta ‘candente’ situación de orden público, desde Nueva York, Naciones Unidas que se la jugó toda por respaldar el Acuerdo de paz entre el Estado colombiano y la desmovilizada guerrilla de las Farc, hizo un llamado para que los colombianos no se escatimen esfuerzos para que el pacto funcione.

El pedido llega en instantes que Cúcuta, por ejemplo, fue escenario de múltiples atentados terroristas de graves implicaciones, como el estallido del carro-bomba en la Brigada 30 del Ejército, el ataque al helicóptero presidencial y las recientes explosiones de bombas en el aeropuerto Camilo Daza que iban a ser puestas contra aeronaves que operan en la guerra contra el narcotráfico.

Pero también coincide con un hecho que no solo tuvo grave incidencia en territorio araucano sino que llegó a Toledo y ahora se siente también en la capital nortesantandereana, como es la ‘guerra’ entre disidencias y el Eln.

Sin mencionar directamente estos dramáticos hechos que han tenido repercusión nacional e internacional, queda en evidencia, entre líneas, la preocupación del secretario general de la ONU, Antonio Guterres, sobre el acuerdo, cuando afirma que la violencia y los grupos armados ilegales amenazan ese proceso.

Hay que ponerle atención a lo expuesto por el vocero del organismo multilateral de que todavía  “no es demasiado tarde para revertir esta tendencia” de peligro, pero que se requerirán acciones mucho más sostenidas y efectivas.

En las últimas palabras de la anterior afirmación descansa la notificación mundial de que si persiste esta oleada criminal y de lucha por el poder territorial y dominio de la cocaína, los cultivos ilegales y otros ingresos económicos ilegales, la debacle podría estar a la vuelta de la esquina.

“Esta ventana de oportunidad histórica podría cerrarse gradualmente”, es lo que deja expuesto como notificación Guterres en su informe sobre la misión de la ONU en Colombia que sigue paso a paso lo que ocurre con el pacto de paz firmado en 2016.

¡Oído al tambor!, porque si desde la ONU nos están señalando eso, los colombianos, así persistamos en estar divididos sobre el proceso que se llevó con las Farc y sus resultados finales, lo mejor es apostarle a fortalecer la paz y la convivencia,  teniendo en cuenta la amarga y dolorosa experiencia que  tenemos como país afectado por la violencia y conflictividad.

Y cómo les parece que el secretario general de Naciones Unidas es más liberal en su apreciación frente al desencuentro que persiste entre nosotros por la paz, cuando hace la siguiente afirmación en su informe ante el Consejo de Seguridad: “confío en que todo el pueblo colombiano y los dirigentes políticos del país puedan reconocer, de una vez por todas, que el logro de una paz duradera no puede seguir siendo motivo de desacuerdo”.

Lo anterior nos debe llevar a entender que si permitimos que los atentados, secuestros, ataques a la fuerza pública, el desplazamiento, las masacres y las desapariciones continúen, finalmente ese cuadro de guerra podrá echar por la borda lo que se ha ido construyendo en torno a la paz con el que fuera el mayor grupo guerrillero del país, en aspectos como por ejemplo los PDET y sacar del conflicto a 13.023 miembros de las Farc que dejaron las armas.

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