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La propuesta del Concejo

Domingo, 27 de Agosto de 2017
Se ha olvidado que la caridad comienza por casa…

Hay mucho de razón en la petición del Concejo de Cúcuta para que haya un cierre temporal de la frontera con Venezuela, a menos que en el Gobierno central establezcan controles de verdad drásticos, efectivos y suficientes para contener la llegada permanente de inmigrantes extranjeros en condiciones lamentables.

No hay duda de que la percepción que se tuvo de los inmigrantes ha cambiado, al menos en esta capital, donde poco a poco se está gestando una crisis humanitaria inducida desde el propio Gobierno nacional, dado a facilitarles la vida a todos los recién llegados, en algunas en detrimento del poco bienestar de algunos sectores sociales nuestros.

Parques, plazas, puentes, portales, en fin, hasta el propio aeropuerto, son utilizados como dormitorios por quienes no tienen cabida en los refugios dispuestos para atender a los inmigrantes de paso, refugios donde no son aceptados, por ejemplo, los indigentes colombianos. Se ha olvidado que la caridad comienza por casa…

No es exagerado decir que entre los cucuteños ya se siente el hastío de encontrar a los inmigrantes dispersos por toda la ciudad, en espera de la comida que les llevan gratis los cucuteños que, desde hace algún tiempo, se olvidaron de sus hermanos de los cerros y de los barrios de miseria.

No es fácil distinguir entre el colombiano retornado y el colombo venezolano y sus familias, y el exclusivamente venezolano que cree haber encontrado aquí la solución para sus problemas, su presente y su futuro, y que, en su afán por ganar unos pesos, genera más problemas. La prostitución —creciente y descontrolada— u oficios callejeros como limpiar parabrisas de autos son, entonces, su destino, cuando no la delincuencia…

Muchos de los recién llegados fueron atraídos por informaciones según las cuales en Cúcuta se encuentran facilidades de permanencia, comida diaria gratuita, atención en salud sin costo y posibilidades de empleo sin mayores exigencias. Pero, en muchos, casos, es otra la realidad. 

El Concejo reclama que se tome en consideración la crisis humanitaria de unos y de otros (porque hay muchos cucuteños que no tienen qué comer), así como la necesidad de inyectar nuevos créditos, impulsar proyectos productivos, ofrecer respaldo financiero, y que se garantice más contundencia en todas las políticas del Gobierno nacional, “el principal responsable de esta zona limítrofe con Venezuela”.

Los problemas migratorios no han recibido de Cancillería la atención consecuente y seria que requieren. Los controles establecidos son inocuos y los servicios ineficientes, al punto que cualquier extranjero puede ingresar, incluso por los puentes autorizados, sin documentos, y continuar su viaje incluso hasta el sur del Continente. Y eso lo saben todas las autoridades, incluidas las migratorias, pero poco se hace para evitarlo.

Es un lugar común desde hace años referirse al desempleo y la informalidad como señales de la aguda situación social de Cúcuta, especialmente. Pero no sobra citarlos otra vez, en busca de que, por fin, alguien en Bogotá entienda que analizar el problema allá no es lo mismo que vivirlo a cada segundo aquí.

Ojalá esté lejano, pero nos atrevemos a decir que llegará el momento en que, por razón de la inercia del Gobierno nacional, las cosas se van a agudizar de tal manera que por la parte menos pensada saltará la tapa de la olla a presión en que se está cocinando la realidad de Cúcuta.