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La sorpresita

Jueves, 21 de Diciembre de 2017
Maduro no está en capacidad de materializar amenaza alguna contra nadie y, además, tiene tantos problemas sobre su escritorio...

Cuando a un dictador se le agota todo su arsenal de acciones atrabiliarias e ilegales contra su pueblo, comienza a fanfarronear amenazando al país vecino. 

Es lo que estos días está haciendo Nicolás Maduro, desesperado, además, porque no tiene la menor idea de qué hacer para contener la carrera cuesta abajo de la economía venezolana, a la que no hay barranco que la atranque.

Como si acá surtieran efecto sus amenazas, como la del martes, cuando el mandatario, visiblemente ofuscado, desvió el interés de su discurso por televisión para referirse a Cúcuta y Maicao, “¡Ah!, si supieran la sorpresita que les tenemos preparada”, sostuvo en tono bajo y hosco.

Si el mandatario está esperando oír noticias de que, preocupada, Colombia comenzó a alistar su Ejército para enfrentar a Maduro, lo único que puede hacer es admitir que está volando muy alto y que, por lo tanto, debe aterrizar.

¿En qué sorpresa estará pensando? En la que sea, eso no debe generarnos la más mínima inquietud. No pasa nada. Tranquilos. ‘Perro que ladra no muerde’, dicen nuestros campesinos cuando por los caminos se encuentran frente a una amenaza real canina. Y siempre tienen razón.

Maduro no está en capacidad de materializar amenaza alguna contra nadie y, además, tiene tantos problemas sobre su escritorio que en algunos sectores se especula con el hecho de que lo único que le queda por hacer es llenarse de coraje y dejar el poder.

Sería sorpresa si, motu proprio, Maduro comenzar a pagar, uno a uno, los 700 millones de dólares que debió pagar la semana pasada a un grupo de bancos que le tienen prestadas millonarias. Pero, obvio, no tiene cómo pagar.

Obviamente, los venezolanos sí se inquietan y llenan de conjeturas todas las redes sociales, apuntando hacia otro cierre de los pasos internacionales, algo políticamente desastroso en época de festividades navideñas y familiares, pero usual, aunque torpe, en el modo de Maduro de conducir los intereses de su país.

En la realidad, lo que hace el gobernante venezolano es buscar, como sea, generar un conflicto armado que, por un lado le permitiría distraer la atención de todos de los problemas de la catástrofe económica, y por otro, darle al Ejército algo de movimiento, para que recuperan algo de estado físico.

Como no entiende que para bailar, como para pelear, se necesitan dos, y que Colombia no será ni pareja ni contrincante, Maduro seguirá insistiendo en busca de un pretexto, que de todas maneras no será nunca suficiente como para que Colombia le responda a tiros, como él pretende.

Es probable que apele a recursos cuestionables con las mercancías que de contrabando llegan todos los días desde Venezuela con el beneplácito de la Guardia Nacional, pero, la verdad, no es fácil imaginar que se llegue a acciones que puedan volverse contra su pueblo.

Lo mejor que se puede hacer ante las amenazas es continuar como si nada, en las actividades ordinarias, sin desperdiciar energía en cuestiones tan triviales como esta de un presidente desesperado porque por donde mire los problemas le enfrentan como una Medusa gigantesca.

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