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La viga en el ojo

Viernes, 18 de Mayo de 2018
Hay que preocuparnos prioritariamente de lo nuestro. Ya habrá tiempo para ocuparse del vecindario.

Es tan común eso de ver la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio, que les ocurre incluso a personas conspicuas y de ordinario sensatas y centradas, como el presidente Juan Manuel Santos.
En su guerra contra su colega de Venezuela, Nicolás Maduro, Santos lo acusó de pagarles a colombianos, para que obtengan una cédula de ese país y voten por él en las elecciones de mañana domingo, en las que se elegirá al jefe de Estado.

Y no se trata de que no haya razón para la denuncia. Al fin y al cabo, esa es una costumbre venezolana desde hace muchos años, sino que aquí, en Colombia, hay numerosas denuncias sobre eventuales irregularidades en el proceso electoral actual, suficientes para causar preocupación general, pero al parecer no para llevar a Santos a referirse a ellas.

Por ejemplo: debido a la guerra del Eln y el Epl en el Catatumbo, dirigentes sociales y políticos han expresado su preocupación por la posibilidad de que miles de electores se queden sin ejercer su derecho a votar, porque nadie hasta ahora les ha garantizado su seguridad.

Voceros de campañas como las de Iván Duque, Germán Vargas y Gustavo Petro han denunciado repetidamente que están en marcha planes de fraude, en las que incluso involucran al Gobierno, y el presidente Santos no ha dicho una palabra que al menos sugiera que ordenará investigar.

En momentos de mucha confusión, como los actuales, en los que cualquier palabra es objeto de especulación interminable, es necesario que haya voces como la del presidente, que tranquilicen la situación y hagan las claridades necesarias.

¿A razón de qué seguir echando leña al fuego de las muy tensas relaciones bilaterales de Bogotá y Caracas, si al fin y al cabo Venezuela está entre los garantes del diálogo de paz que avanza en Caracas? La realidad entre los dos países está bastante ríspida como para que Santos vea la paja en el ojo de Maduro, pero no la viga en el suyo.

Que haya colombianos dispuestos a ir a Venezuela a votar el domingo por el presidente Maduro, o contra él, es un problema de Venezuela y de los colombianos, que en nada repercute en Colombia, como sí, la percepción creciente de que desde el Gobierno se puede estar amparando la posibilidad de que alguien haga trampa el 27 de mayo.

Puede ser que las denuncias, procedentes de los tres principales candidatos, sean parte de la recalentada campaña presidencial, pero incluso así, el presidente puede contribuir —es su deber, desde luego— a bajar el nivel de la turbulencia.

Si la actitud de Santos es parte de la respuesta a las acusaciones que le ha hecho Maduro, no parece ni oportuno ni necesario enfrentarlo, al menos por estos días en que se juega también el futuro de este país.

No hay necesidad de responder a cada palabra del mandatario venezolano, y menos cuando solo trata de echar un velo sobre su situación.

Hay que preocuparnos prioritariamente de lo nuestro. Ya habrá tiempo para ocuparse del vecindario.