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Los nuevos amos

Viernes, 13 de Octubre de 2017
Es tan fácil actuar en manada, en patota, en gavilla, y entre todos bloquearle el paso a un automovilista.

Ya no solo son los taxistas o los camioneros o los cocaleros o los universitarios, por no hacer referencia a los pilotos de Avianca en huelga. Hoy son, otra vez, los de siempre, los que se creen dueños de las vías públicas y de la libertad de locomoción de las personas.

Solo se necesita que un grupo de personas tenga una queja particular, para que toda la culpa recaiga sobre los ciudadanos indefensos, pues son ellos quienes deben enfrentar las consecuencias de que un patrono o el gobierno insatisfagan una petición del grupo apoyada por lo general en vías de hecho siempre ilegales.

En el caso actual, ¿cuál es el valiente líder campesino que explicará cuáles pecados cometieron los nortesantandereanos para que, a la fuerza y con amenazas de todo tipo, les impidan a los del sur ir al norte y viceversa, por la única carretera existente?

¿Dónde están los azuzadores de los bloqueos de calles y carreteras que les expliquen a sus conciudadanos por qué los atropellan, por qué abusan de ellos, por qué los tratan como les da la gana, sin darles la menor oportunidad de defenderse?

Que den la cara los líderes de estos actos atrabiliarios y delictivos, que no encapuchen ni su rostro ni su egoísmo y que digan por qué ellos y sus simpatizantes son superiores a todos los demás ciudadanos, y que demuestren su derecho a permitir y prohibir a los que no los apoyan...

Es tan fácil actuar en manada, en patota, en gavilla, y entre todos bloquearle el paso a un automovilista que, solo acompañado por su afán, intenta ir de su casa al trabajo, o ante un bus con gente cansada que espera solo llegar a su destino por una carretera pública que alguien hizo privada...

Pero qué difícil es hacer lo mismo solo: el valor nacido de la montonera desaparece y el energúmeno abusador se convierte en un don nadie al que lo asusta su propia sombra y que en alguna parte extravió la soberbia que demostraba cuando tenía la patota detrás…

Esa costumbre de transferirles a los ciudadanos inocentes las culpas de patronos o de gobernantes que quizás no se dejan ni extorsionar ni amenazar, y cobrarles con derechos esquilmados, se tiene que acabar para siempre, por el bien de todos, incluidos los abusadores.

Tienen que comprender los patoteros, por la razón o por la fuerza de la autoridad, que sus derechos terminan donde comienzan los derechos de los demás, y que respetarlos es, precisamente, la paz. Y ser conscientes de que actos como el bloqueo de vías es violencia, y que la violencia y el delito van juntos y a ambos los sanciona la ley penal.

El atropello al indefenso o al que no acepta mandatos forjados con triquiñuelas, en el que estos líderes son expertos, tiene que llegar a su fin. Que nunca más haya pueblos enteros secuestrados y vilipendiados, abusados hasta el cansancio, solo por el capricho de líderes de pacotilla, tigres de papel mojado que solo son valientes junto a otros igual de abusadores o más.