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Lucha contínua

Miércoles, 9 de Marzo de 2022
Por estos días, cuando el ambiente electoral es todo lo que se respira en la ciudad, este diario realizó un análisis de cómo ha sido la participación femenina en el departamento en las últimas décadas.

La lucha de las mujeres por tener mayor participación en cargos públicos, mayor representatividad en los espacios de elección popular y por salarios igualitarios se toma los titulares cada 8 de marzo, cuando la mirada del mundo se centra en el terreno que han ido ganando las mujeres en su búsqueda de la igualdad.

Una manera de evidenciar qué tan avanzada es una sociedad, es evaluando la participación de la mujer en sus distintas esferas: empresarial, pública y política.

En Colombia, en este último  espectro, aún estamos lejos de encontrar una verdadera significancia a la participación femenina, la cual se asume como un simple requisito o cuota que se llena por cumplir, cuando en realidad debería asumirse como una oportunidad para formar, dar a conocer y posicionar liderazgos femeninos que tengan una verdadera injerencia en las decisiones trascendentales para el país.

Por estos días, cuando el ambiente electoral es todo lo que se respira en la ciudad, este diario realizó un análisis de cómo ha sido la participación femenina en el departamento en las últimas décadas.

El panorama para Norte de Santander es ciertamente lamentable: las mujeres que tuvieron espacio en la cámara de presentantes desde 1958 lo hicieron a través de suplencias  y fue solo en los 90, cuando Isabel ‘La Chava’ Celis resultó elegida que Norte tuvo una representante.

Por el lado del Senado, la representación de las mujeres nortesantandereanas ha sido casi nula, pues realmente han llegado al Congreso a reemplazo de Senadores que renunciaron o perdieron su fuero.  

Es el caso de Milla Patricia Romero que llegó al Senado en reemplazo del expresidente Álvaro Uribe que renunció por la investigación en la Corte Suprema.

Así está el panorama de participación efectiva de la mujer nortesantandereana, en un Congreso donde solamente el 20% de las candidatas salen electas, según cifras de la Misión de Observación Electoral (MOE).

Sin embargo, para estas elecciones hay un dato alentador: de acuerdo al Observatorio de Género de esta misma organización,  este año la cifra de mujeres que aspiran a llegar al Congreso aumentó un 5%: de las 2.804 candidaturas en el país para buscar curules al Congreso de la República, el 39,9%, es decir, 1.116 son mujeres.

Para el caso específico de la Cámara de Representantes el número de aspirantes aumentó el 6,5% frente a 2018.

Estos crecimientos representan pequeños avances.

Cuando evocamos la reivindicación de derechos de las 129 trabajadoras que murieron quemadas en la Cotton Textile Factory, en Nueva York, volvemos a poner en evidencia que aún estamos lejos de llegar a una verdadera igualdad: la brecha salarial continua y los efectos de la pandemia afectaron sobre todo a las mujeres, dejando a miles fuera del mercado laboral.

Otros delitos contra la mujer como la trata de personas, la explotación sexual y el feminicidio, son, lastimosamente, la cotidianidad en nuestro país y en nuestra frontera.

 Sin embargo, la lucha por la  igualdad de género sin estereotipos ni violencia continúa y las próximas elecciones son una oportunidad para permitir que la voz de mujeres comprometidas se escuche con mayor fuerza y puedan tener voto en decisiones estructurales que redunden en un mejor país para todos.

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