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Más allá de la curul

Sábado, 10 de Julio de 2021
Si ven señores concejales cucuteños, villarosarienses, zulianos, porteños, patienses y sancayetanenses, que su única tarea no es la de aprobar presupuesto, debatir y ejercer control político, sino que les corresponde estar al servicio del pueblo.

Aunque muchas veces resulta complicado hacerle la necesaria veeduría o control ciudadano a corporaciones como los concejos del área metropolitana de Cúcuta, por ejemplo, en esta época de estallido social o de protesta social o de paro nacional, como se le quiera llamar, salta a la luz que esos cuerpos colegiados más bien han brillado por su ausencia.

No es que se vaya a interpretar como que tiene que irse como ‘mesías’ a los barrios pobres, cuyos concejales conocen muy bien porque es de dónde sacan sus votos, sino que desde esa órbita fue poco o nada lo que se  ha escuchado para plantear, sugerir o plantear soluciones a la grave problemática socioeconómica.

Al contrario de lo ocurrido con los cabildos de ciudades como Cali, la misma Medellín, Bogotá y otros municipios, donde se dieron debates y discusiones y los  concejales se constituyeron en defensores de derechos humanos y otros concretaron con las administraciones las  acciones a seguir para ayudar a enfrentar y aplacar las protestas, aquí nada de eso se ha visto.

Dirán que como aquí poca piedra de lanzó y nunca hubo concentraciones en masa que se sostuvieran durante días y días, y que las marchas no terminaron en graves enfrentamientos entre la fuerza pública y el ESMAD,  pues no era necesario que el Concejo, que en casos como el de Cúcuta, ha recibido fuertes cuestionamientos ciudadanos por estar de espaldas a la ciudad.

Pero esa actitud desdice de una honorable corporación administrativa que se debe al servicio de una ciudad y sus municipios metropolitanos marcados por todos los problemas sociales y económicos habidos y por haber, porque finalmente lo que está es provocando que la gente cada día pierda más el interés y el respaldo en la misma, asunto que resulta delicado para la propia democracia local.

Los concejos municipales de los seis municipios metropolitanos deberían convertirse en el foro donde la ciudad, no solo con sus munícipes, sino con la participación de los diferentes estamentos sociales aborde, discuta y saque las más adecuadas soluciones. Hay que entender la urgencia de cerrar brechas como la injusticia social y la falta de oportunidades, debiéndose destacar en este momento lo hecho por el sector privado de la región donde 200 empresas van a vacunar contra el coronavirus a 5.000 empleados. 

Atendiendo hechos como esos, los cabildos están en mora de hablar con los empresarios y los inversionistas regionales para desde la misma localidad definir acciones que consideren la urgente necesidad de atender el desempleo juvenil hacia el mediano y largo plazo, igualmente buscar beneficios tributarios municipales con la garantía de que a cambio se creen nuevas plazas de empleo.

Igualmente hay que trazar una real solución al ya desbordado problema de la informalidad, en el que es indudable que los concejales y los gremios económicos se ideen la mejor alternativa para ir desescalando ese otro grave mal, del cual la ciudad es campeona desde tiempos previos a la pandemia.

Si ven señores concejales cucuteños, villarosarienses, zulianos, porteños, patienses y sancayetanenses, que su única tarea no es  la de aprobar el presupuesto, debatir y darle trámite a acuerdos municipales, ejercer control político sobre los miembros del gabinete o hacer mociones de censura, sino que les  corresponde la misión de estar al servicio del pueblo para  poder entender y tener medido siempre el pulso de lo que realmente sucede, acontece y afecta a las comunidades.