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Más censos

Miércoles, 27 de Mayo de 2020
En Cúcuta se han hecho en el pasado diversos censos de taxis y de pimpineros, anunciándose ahora, otra vez, un conteo de vendedores.

Conteos, censos, caracterizaciones, enumeraciones, recuentos, estadísticas o como quiera llamarse, hemos tenido en  Cúcuta relacionados con diversos asuntos de la vida local y que ahora vuelven a resonar con ocasión de los vendedores ambulantes.

El que más ha llamado la atención porque finalmente nunca permitió saber el número exacto, es el relacionado con el número de taxis que circulan en la ciudad. La cifra real de cupos autorizados por administraciones pasadas parece estar revestida por un ‘alto secreto’ y  el total de vehículos amarillos que prestan ese servicio pareciera ser un elemento reservado.

Ahí de nada han valido los censos, las calcomanías, las carpetas de tránsito o los simples conteos, porque los asomos de las cifras siempre quedan arrollados por la realidad que comprueba una mancha de grandes proporciones.

Y se acuerdan de los pimpineros.  Ahí también se han dado números de todas las magnitudes, pero lo cierto es que  ahí siguen, apareciendo y esfumándose por temporadas de acuerdo con el volumen de combustible de contrabando que logre pasar desde Venezuela hacia estas tierras.

En ese frente de los vendedores informales de gasolina y ACPM también se dieron a conocer muchas informaciones estadísticas tanto en la capital nortesantandereana, como en el área metropolitana y el departamento.

Es más, se dieron los llamados procesos de reconversión laboral para los pimpineros, que aunque han mostrado casos exitosos, la verdad es que no se han logrado lo resultados esperados en procesos como ese.

Ahora hemos oído que en este tiempo pandémico la Alcaldía de Cúcuta adelanta la caracterización de los vendedores ambulantes, lo cual ha hecho que desde ya empecemos a comentar si habrá llegado la hora de saber a ciencia cierta cuántas son las personas que se dedican a esta actividad que desarrollan en los andenes y calles.

Ser excesivamente optimistas podría llevarnos a tener sorpresas desagradables, porque la ocupación del espacio público como consecuencia del problema social del denominado ‘rebusque’ pues podría llegar a ser imposible de determinar realmente.

Ser excesivamente pesimista, igualmente, llegaría a generar también un desasosiego por los resultados reales, puesto que ahí podrían caerse en subregistros o en la duplicidad de las contabilizaciones, puesto que las bases de datos pueden verse afectadas por algunos hechos sencillos como los siguientes.

Por un lado se caracteriza a un vendedor ambulante, pero resulta que  luego sus hijos u otros familiares también resultan apareciendo dentro del censo, o que ocurran situaciones peores, que esa evaluación sea aprovechada con algún tinte político, permitiendo que se registren colados, que finalmente desajustarían el balance.

Es de todas maneras muy importante que se haga un procedimiento como este de buscar saber cuántos vendedores ocupan las calles, por qué lo hacen, quienes están en esa informalidad, cuál es su situación socioeconómica y educativa. 

Todo eso es importante, pero hay que hacerlo con el mayor rigor evaluador y de análisis para que finalmente los resultados sean los más cercanos a la realidad y no terminen siendo un fiasco como en los casos comentados arriba, con el propósito de que la política pública sobre recuperación del espacio público y de reconversión laboral de estas personas tenga mayores posibilidades de éxito, máxime ahora que atravesamos por esta época pandémica  inesperada.

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