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Más cooperación

Viernes, 6 de Septiembre de 2019
Quedó sonando lo expuesto por la vicepresidenta de que la ayuda ha sido muy poca para atender a los inmigrantes, a excepción de EEUU.

Dos noticias se sucedieron en la frontera: una alentadora y otra producto del roce que ha caracterizado las rotas relaciones entre Colombia y Venezuela, que tienen connotaciones sobre nuestra región, ahora cruzada por el éxodo histórico que se registra desde el vecino país y que surca a América Latina.

La estadía durante varias horas en el área metropolitana de Cúcuta de Ivanka Trump, hija y asesora del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en esta oportunidad representó un inesperado anuncio por parte del gobierno de ese país, sobre la asignación de más recursos para ayudar a atender la crisis migratoria.

Se trata de 120 millones de dólares, que ojalá, una parte de ellos, como lo planteó la misma vicepresidente Marta Lucía Ramírez, se dirijan hacia Colombia que ha soportado gran parte de esa marejada humana, en lo relacionado con la salud, atención humanitaria, alimentación, educación y, recientemente, dándoles la nacionalidad a cerca de 24.000 hijos de venezolanos nacidos en el país.

Y plegándonos a lo expuesto por la funcionaria, ojalá también de la porción que se le asigne a nuestro país, un porcentaje importante de esa ayuda estadounidense venga a aliviar en territorio nortesantandereano el impacto que ha soportado en los últimos años, por la salida masiva de personas que huyen de la vecina nación petrolera.

¿Y por qué decimos esto? Pues la vicepresidenta dejó abierto el debate, cuando en sus declaraciones recogidas por su despacho al referirse al nuevo gesto de la administración Trump de asignar más dineros para dicha crisis humanitaria, dijo: “…excepto Estados Unidos, la ayuda internacional ha sido muy poca para Colombia”.

Es hora de hacer un gran fondo multilateral, con la participación del Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y hasta el mismo Fondo Monetario Internacional para inyectarle los dólares que sean necesarios para que Colombia y demás países que están soportando la llegada masiva de venezolanos, atiendan esa gigante migración pero sin desatender a sus pueblos que también registran altos grados de necesidades básicas insatisfechas. Ahí, la diplomacia, juega papel vital.

Y en medio de este contexto, otra vez el presidente de Venezuela Nicolás Maduro dijo decretar la alerta naranja en la frontera y que moverá a la región un “sistema de misiles” para proteger a su país de cualquier ataque desde Colombia e incluso dijo que habrá movimiento de tropas y ejercicios militares.

Este no es el momento para esa clase de bravuconadas de carácter bélico. Caracas debería sentarse mejor a considerar acciones para atender adecuadamente a sus ciudadanos y considerar la aplicación de las medidas que empiecen a indicar un nuevo rumbo en el campo económico y social, entendiendo siempre que el pueblo es el que debe ser el beneficiario de las medidas y no el que salga golpeado con acciones en su contra.

Es saludable lo expuesto por el presidente Iván Duque de que “Colombia no es un país agresor”, en un mensaje claro para desactivar las intenciones del vecino de buscar factores que lleven a situaciones insospechadas y peligrosas.  Pero también es importante la advertencia de que eso no significa permisividad para que el régimen de Maduro financie y proteja a grupos terroristas que amenacen a Colombia.