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Más prevención

Lunes, 3 de Abril de 2017
En el caso de Mocoa, paradójicamente, una tragedia de estas proporciones estaba anunciada.

La tragedia de Mocoa, que arrebató más de 260 vidas y destruyó buena parte del municipio, es una dramática realidad que vuelve a recordarnos que Colombia es un país vulnerable frente a los fenómenos del cambio climático.

Las conmovedoras imágenes que ha dejado la avalancha traen a la memoria  otras tragedias –la de Salgar en el 2015 o la de Gramalote en el 2010– causadas por  los repentinos e intensos cambios en el clima, que han encontrado en este país tropical, un lugar ideal para asentarse. 

Desde que ocurrió en la madrugada del sábado, los ojos de todo el país se fijaron en ese lugar de 65 mil habitantes, cuyos ríos (Mocoa, Sangoyaco y Mulato) crecieron hasta el punto de desbordarse, arrastrando a su paso lodo, palos, rocas, carros y todo tipo de materiales.

Los más afectados fueron, por supuesto, quienes se asentaron desde hace años en las inmediaciones de los ríos. Lo alarmante es que hoy en el país, 385 de las 2.440 cabeceras urbanas están ubicadas  en las riberas de los ríos o cauces menores,  lo que supone un complejo panorama en caso de una prolongada y ardua temporada de lluvias.  

El riesgo que existe a pesar el esfuerzo que se ha hecho de crear una institucionalidad dedicada a la planeación y a la gestión del riesgo de desastres, es aún muy alto. 

Así lo ha determinado un estudio de la Universidad Nacional, en el que se ha advertido que si no se toman las medidas efectivas correspondientes para que no se repita una tragedia como la que se presentó este fin de semana en Mocoa, este tipo de tragedias serán mucho más frecuentes. 

Más si se tiene en cuenta la cantidad de ciudades y municipios ubicados en las rutas que normalmente siguen los afluentes de agua cuando crece su caudal.

En Colombia, la Ley 388 de 1997 obliga a los municipios a implementar acciones de usos del suelo en zonas de riesgo, como estas poblaciones ubicadas en áreas de cauces fluviales. Y a pesar de que se han invertido grandes cantidades de recursos en planes de implementación, aún son muchísimas las poblaciones qe están en inminente riesgo. 

En el caso de Mocoa, paradójicamente, una tragedia de estas proporciones estaba anunciada. Un ejercicio de modelación a través de estudios realizados por Corpoamazonía y la Gobernación del Putumayo, había señalado que un evento de la magnitud de lo ocurrido podría suceder.

Dos de las razones esgrimidas en ese momento y que realmente contribuyeron a la reciente tragedia que enluta al país, fueron la pérdida de la capa vegetal (Putumayo es el quinto departamento del país con más pérdida de capa vegetal con 9.000 hectáreas deforestadas) y la falta de actualización del Plan de Ordenamiento Territorial, lo que impidió una prevención oportuna que permitiera reubicar las familias que hoy lloran a sus muertos. 

Hay un enorme trabajo por hacer en  materia de prevención, para evitar que cada año Colombia enfrente una tragedia como la de Mocoa. 

Las zonas de riesgo ya están detectadas, pero hace falta implementar mejores estrategias para lograr que realmente estas sean intervenidas con eficacia y que el ordenamiento territorial se fortalezca pero sobre todo, se respete. Ojalá un drama como el de Mocoa, no vuelva a repetirse.

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