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A más salario, ¿menos empleo?

Domingo, 14 de Noviembre de 2021
Si la productividad se mantiene el incremento del salario mínimo para el próximo año estaría entre el 6 y el 6,5 por ciento.

A doce días para que el Gobierno Nacional convoque la Comisión de Concertación de Política Salarial y Laboral para iniciar las negociaciones del salario mínimo para el 2022, las expectativas de su alza están centradas en el desempeño de la productividad y la tasa de la inflación que este año se espera supere el rango meta del Banco de la República, que es del 3 por ciento.

Si la productividad se mantiene –afirman los analistas económicos– el incremento del salario mínimo para el próximo año estaría entre el 6 y el 6,5 por ciento, superior al 3,5 por ciento decretado en 2021, pero similar a los aumentos que se dieron en 2018, 2019 y 2020, entre el 5,9 y el 6 por ciento, incluso, cercano a las alzas de 2016 y 2017 cuando fueron del 7 por ciento. 

Pero más allá de la discusión entre trabajadores y empresarios para concertar el aumento del salario mínimo –que por lo general no se ponen de acuerdo y el Gobierno lo fija por decreto, como ha ocurrido en los dos últimos años–, la controversia sigue girando en torno a la teoría de que un incremento del salario destruye o desestimula la creación de puestos de trabajo.

Diversos estudios e investigaciones apoyan y refutan esta teoría, en los que se evidencian efectos positivos y negativos en los hogares por factores como: vivir en un país en vía de desarrollo, con bajo cumplimiento de las políticas y las regulaciones laborales, y las condiciones y características del mercado laboral, como una alta tasa de informalidad laboral. 

Entre las ventajas de subir el salario mínimo está el incremento del consumo interno en dos vías: mejora el poder adquisitivo de los trabajadores por más renta y el gasto se potencia con la redistribución de los ingresos en los sectores menos favorecidos. De esta manera se fortalece la demanda y se reforzaría la recuperación de la producción y del empleo.

Sin embargo, explican los expertos, el consumo sería a corto plazo porque el costo en la mano de obra se trasladaría a los precios –más inflación–, y los trabajadores perderían el poder adquisitivo que habían ganado en un primer momento. 

Este es uno de los argumentos de los trabajadores a la hora de pedir un aumento entre el 10 y el 12 por ciento, porque el salario mínimo es muy bajo frente al costo de vida del país, ya que un incremento entre el 5 y el 6 por ciento se diluye con las alzas de principio de año, relacionadas con alimentos, transporte, educación, vivienda, servicios públicos, entre otros.

A pesar de esta realidad, una subida muy por encima de la inflación tendría como consecuencia que los empresarios no tuvieran cómo solventar los costos salariales para incorporar personal y esto podría aumentar la informalidad a la hora de contratar, con mayor repercusión en la mano de obra no calificada, en especial, los jóvenes.

David Card, ganador del Premio Nobel de Economía (2021), por sus contribuciones empíricas a la economía del trabajo, concluyó en sus investigaciones que el aumento del salario mínimo no supone necesariamente una reducción del empleo. Y cuando lo hace podría tener efectos bastante limitados, según el caso y el contexto.

Sin duda, este será un punto de reflexión en la mesa de concertación a la hora de aumentar el salario mínimo por encima de la inflación, sobre todo, en ciudades capitales como Cúcuta, donde históricamente el desempleo ocupa los primeros lugares a nivel nacional (17,9 por ciento) y la informalidad laboral es la más alta de país (71 por ciento).

Ahora, el reto para el Gobierno, los empresarios y los trabajadores, cuando se sienten a negociar, será lograr un equilibrio entre no afectar la capacidad adquisitiva de los hogares y no aumentar el desempleo y la informalidad laboral.

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