Escuchar este artículo

Mentiras e ingenuidad

Viernes, 9 de Junio de 2017
Porque no es fácil de asimilar que el principal policía de un país desconfíe tanto de su presidente que no quiere que lo dejen solo con él.

La historia tardará mucho tiempo en comprenderlo y explicarlo. Porque no es fácil de asimilar que el principal policía de un país desconfíe tanto de su presidente que no quiere que lo dejen solo con él… No parece, es cosa de locos desquiciados. El absurdo. El ridículo absoluto.

Pero es real. Y muy lamentable, pues está ocurriendo en la cúspide del poder de la primera potencia mundial. El policía es el exdirector del FBI, James Comey, y quien genera la desconfianza es el presidente Donald Trump.

El escenario es el Vaticano de la diplomacia y la política internacional: Washington.

En un testimonio ante el Senado, seguido por millones de estadounidenses en bares y restaurantes a la manera de los grandes eventos deportivos, Comey dijo que su jefe Trump lo despidió porque se negó a ofrecerle lealtad. Él solo le ofreció honestidad.

Comey habló sobre cómo, tras su despido como director del FBI, el presidente lanzó una campaña de ‘mentiras, lisa y llanamente’ para desacreditarlo a él y al FBI, y dijo que tomó notas de sus conversaciones con Trump porque le preocupaba que el mandatario ‘pudiera mentir’ posteriormente sobre las mismas.

Y soltó una perla: desconfiaba tanto del hombre que maneja el país, su jefe directo, el presidente de Estados Unidos, que no quería que lo dejaran solo con él.

El testimonio pudo ser y pareció uno más de aquellos en que un empleado despedido dice no entender por qué lo echó su jefe, inocuo y previsible, sin consecuencias para nadie. Pero la serenidad de Comey, su mesura, sus respuestas medidas y precisas, y en todo momento su carencia de emociones, llevaron todo a un nivel de credibilidad inaudito.

Todo ‘fue casi con certeza el momento más dañino de un ‘yo acuso’ por parte de un funcionario de seguridad de alto nivel contra un presidente en una generación’, opinó el serio y mesurado The New York Times en su editorial.

A Trump, algunos lo quieren enjuiciar por supuestamente interferir con las acciones de la Justicia (pidió a Comey no investigar más al el exasesor de Seguridad Nacional Michael Flynn), y por los vínculos de su campaña con Rusia. Son ambos delitos graves.

Pero, en gracia de la incomprensible lógica que mueve muchos asuntos en Estados Unidos, los delitos tal vez no llevarán a Trump a dejar la presidencia, como sí el hecho de mentir en asuntos públicos. Es la perdición.

Desde luego, aún no hay nada concreto contra el presidente, pero, como preguntó un análisis de prensa: ‘¿Qué versión cree usted: la del que solía ser el principal funcionario policial de la nación que dio su testimonio bajo juramento de decir la verdad, o la de un presidente con antecedentes de eludir la verdad en asuntos grandes y pequeños?’

Todavía no llega la sangre al río, pero si llegado el momento, Trump se defiende con las razones de sus copartidarios republicanos del Congreso, está liquidado. La ingenuidad del presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, no puede ser más patética.

‘El presidente es nuevo en esto. Es nuevo en el gobierno, y así probablemente no era conocedor de los protocolos de larga data que establecen la relación entre (el Departamento de Justicia), el FBI y la Casa Blanca”, dijo Ryan.

Ese cuento no se lo come ni el propio Trump…